Nos dieron una furgoneta para nueve personas, con lo que el equipaje iba de sobra y nosotros también. Gracias a los mapas de Google Maps que llevávamos impresos desde España fuimos al hotel y salimos de París. Después de alguna duda, estábamos de camino a Blois y llegamos perfectamente a nuestro hotel. Un hotel que estaba a las afueras, junto a unos centros comerciales, donde había un restaurante, aparentemente de comida rápida, pero con los mejores desayunos.
Como Charlotte nos iba a abandonar al día siguiente (por el trabajo se tenía que volver), fuimos a uno de los castillos más destacados: Chambord.
La verdad es que fue el primer contacto con los castillos y fue impresionante.
Coincidimos con una exposición de Manolo Valdés.
Por supuesto impresiona la maravillosa escalera. Fue construida en el centro de 4 salas (en cada planta) con un diámetro de 9 metros y doble escalera de caracol, lo que hace que dos personas puedan subir y bajar sin cruzarse. Por su belleza y por lo elegante de la solución arquitectónica se dice que fue concebida por Leonardo (si no es verdad, podría serlo).
Por la noche volvimos a Blois, paseamos un rato por la ciudad y cenamos exquisiteces, lo que se convirtió en rutina en el resto del viaje.