Mostrando entradas con la etiqueta Playa del Carmen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Playa del Carmen. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2008

Duodécimo día: Playa del Carmen - México D.F. - Querétaro

El día que marchábamos de Playa del Carmen también teníamos cita con el urólogo en el Hospital. Mientras íbamos a la cita, Drichal se bañaba en el Caribe y subía un tono más su "morenez" y Charlotte se quedaba en la piscina para rematar bien la maleta.

Fauna del Hotel Riu Lupita


Adornos de la habitación del Hotel Riu Lupita

Adornos que dejan en las habitaciones hechos con toallas

Piscina del Hotel Riu Lupita

Piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines de la piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines adornando la piscina del Hotel Riu Lupita

El médico confirmó el diagnóstico y le puso a M. una medicación sintomática hasta nuestra vuelta a Madrid.

Volvimos al hotel y disfrutamos de la piscina y el buffet antes de que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto ¡con tres horas de antelación! Daba un poco de rabia, pero por otro lado íbamos más seguros, por si los atascos en la autopista. En el aeropuerto Drichal y M. se probaron un sombrero maricahi, aunque a Drichal le pone nervioso.

Vuelo tranquilo a México D.F. y en el mismo aeropuerto tomamos el camión (autobús) a Querétaro. Impresiona que registren a los pasajeros y el equipaje como si fueras a subir en avión, pero pensándolo bien es la medida más adecuada.

Al llegar a Querétaro nos encontramos que estaba Carlos eperándonos junto a Tania, a quien no esperábamos ver allí. En medio de un diluvio nos llevaron a casa de Carlos y nos fuimos prontito a la cama.

lunes, 13 de octubre de 2008

Undécimo día: Playa del Carmen - Chichén Itzá

Nos levantamos muy temprano porque había que llevar a Carlos y Tania al aeropuerto de Cancún. Después Drichal cogió los mandos del coche y pusimos rumbo a Chichén Itzá. Nos quedaban unos 200 km de camino, así que tomamos la autopista y tratamos de disfrutar del camino y sus curiosidades.

Gasolinera camino a Chichén Itzá

Al llegar sacamos las entradas y de nuevo nos encontramos con multitud de vendedores por todas partes. Los caminos llenos a ambos lados, pero nada de eso puede empañar la grandeza del lugar.

Destaca "El Castillo" o "Pirámide de Kukulcán" (Kukulcán es el equivalente a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada), que tiene 55,5 m de base cuadrada y 24 metros de altura y está rematada por un templo. Sumando los escalones de la pirámide y el del templo la suma es de 365 escalones.

Chichén Itzá. Pirámide de Kukulcán.

En esta fotografía se puede apreciar mucho mejor, y sin recortes:



Las escaleras de acceso a la pirámide por el lado norte tienen en su parte inferior unas cabezas de serpiente. En los equinoccios (primavera y otoño) la sombra de la esquina de la pirámide se proyecta sobre la escalera y forma la imagen de una serpiente, que termina en esas inmensas cabezas y que hace el efecto de una serpiente que baja del templo superior a la tierra.

Escalera de la pirámide. Chichén Itzá.

He encontrado una foto que lo ilustra:


Y un video:



También hay un curioso efecto acústico que reproducen invariablemente todos los guías turísticos que hay allí: es un efecto acústico que llaman “la cola del Quetzal” y se produce al emitir un sonido impulsivo (sonido de corta duración pero de fuerte volumen como un aplauso)delante de la escalinata de la pirámide. Si se dan palmadas a unos 40 metros en la perpendicular de la escalinata se escucha un sonido agudo, un chirrido extraño, un sonido parecido al canto del quetzal, el pájaro sagrado de los Mayas. Aquí hay un video:



El calor es agobiante, y hay que ir bien provisto de agua. Tuvimos especial cuidado con M. por su reciente cólico nefrítico, pero ahí todo el mundo debe ir con las botellas de agua al hombro y cuando se terminan comprar en las tiendas.

Pero no hay que engañarse, si se va con la idea de que solamente existe la Pirámide, la sorpresa es mayúscula porque es un complejo con multitud de edificios y otras construciones.



El Templo de las Mil Columnas es impresionante, y junto a él está una imagen de Chac Mool sobre el Templo de los Guerreros. Esa estatua representa un hombre acostado, apoyado sobre sus codos y mirando a un lado, y sostiene una bandeja sobre la que se dejaba el corazón de los sacrificados.



Lo que se ve pequeñito sobre las columnas es la estatua del Chac Mool, que estaba por todas partes.

Image Hosted by ImageShack.us

Lamentablemente, no se puede subir ni a la Pirámide ni al Templo. Parece que hace unos años unos turistas murieron al caer desde la Pirámide y el Gobierno mexicano ha prohibido subir a ella, de momento. La verdad es que no me extraña, porque los turistas somos voraces destructores de monumentos.

Hay otra pequeña pirámide a la que llaman "El osario" o "Tumba del Gran Sacerdote":



Aquí hay un detalle de la escalinata:

Image Hosted by ImageShack.us

En comparación con Teotihuacán, la zona de Chichén Itzá tiene una decoración riquísima, donde abundan las calaveras y las cabezas de serpiente en todos los edificios.

Uno de los ejemplos es el Tzompantli, que en nauhátl significa "hilera de cráneos". Parece que clavaban los cráneos atravesándolos por las sienes sobre una empalizada en esta construcción.

Image Hosted by ImageShack.us

Detalle de la decoración:

Image Hosted by ImageShack.us

Otro de los lugares maravillosos es el juego de pelota

Chichén Itzá. Juego de pelota.

Chichén Itzá. Juego de pelota.

Otra construcción preciosa es lo que llaman "La Iglesia". Ese nombre viene de que es una edificación contigua a otra a la que pusieron "El convento".

Chichén Itzá. La Iglesia.

Por último no se puede dejar de poner una foto de "El Observatorio":

Chichén Itzá. El Observatorio.

Hay otros edificios: Templo de los Jaguares, etc, pero ya me parecían demasiadas fotos para una entrada.

Al volver empezamos el camino por la carretera convencional en lugar de la autopista, así que tardamos algo más. Fue una constante del viaje: ir por un camino y a la vuelta extraviarnos e ir por un camino más complicado. (Confieso que fui yo quien eligió el camino de vuelta).

Devolvimos el coche en el aeropuerto de Cancún, donde Carlos lo había alquilado y nos costó encontrar un taxi que nos llevase hasta Playa del Carmen, porque nos querían sacar un ojo de la cara...

A la vuelta había atasco porque habían matado a un jefe de policía y su escolta y había controles en la autopista, pero tampoco tardamos mucho.

lunes, 6 de octubre de 2008

Décimo día: Playa del Carmen

A M. le dieron el alta por la mañana. Preguntó si esa tarde podríamos ir a Chichén Itzá y la respuesta del médico fue "Híjole, ¡eso queda un poco lejos! Si le da otro cólico estando allá van a tardar mucho en venir. Mejor quédese tranquilo hoy".

Así que ese día lo dedicamos a sestear en la piscina y la playa.

Carlos y su amiga se marcharon y nos dejaron el coche que habían alquilado. Al día siguiente nos esperaba Chichén Itzá.


Mañana Chichén Itzá.

jueves, 2 de octubre de 2008

Noveno día: Playa del Carmen - Tulum y una aventura que salió bien

Aunque sea una entrada diferente no he terminado el día de la visita a Tulum. Ese fue un día duro: M. no se levantó bien, aunque tampoco estaba mal. Decía que tenía raro el estómago. Al terminar la visita a Tulum nos planteamos el quedarnos en alguna de las playas que había cerca o volver al hotel, pero M. prefirió volver al hotel.

A los cinco minutos de ir en el coche dijo “ya sé lo que tengo: un cólico nefrítico como lo tuve hace seis o siete años”. A los cinco minutos se retorcía de dolor en uno de los asientos del coche. Ahí se forjó una de las frases del viaje: “ay, Dios mío”.

Gracias a Dios el día anterior Carlos se había fijado en el hospital que había junto al hotel, que es de la cadena Hospiten, con varios hospitales en canarias y uno en Estepota. Además, me acordé de anotar en el móvil el número de asistencia 24 horas del seguro que llevábamos y el número de la póliza.

Así que llamé al seguro y le conté lo que nos pasaba. Me dijo que necesitaba entre 10 minutos y 1 hora para localizar un médico o un hospital al que acudir y que como estábamos a una media hora, que tenía cierto margen. Me advirtió que si al llegar al hotel no me había devuelto la llamada, nos dirigiéramos al hospital que nos recomendaran en recepción. Allí nos recomendaron ese hospital y allí fuimos.

M. se apoyó en el mostrador de recepción y dijo lo que tenía y que necesitaba una buscapina. La recepcionista nos dijo que “hasta que no pongan una fianza de 1000 dólares, no le puedo dejar pasar por esa puerta”. Eso impresiona mucho cuando vienes de un país donde primero se atiende y después se pregunta. El único que llevaba tarjeta era M. y se la cogimos. Creo que ni se enteró.

Cuando estábamos ya dentro de los boxes (pasé yo con M.) llamó el seguro y me dijo que nos enviaba un médico al hotel, como ya estábamos en el hospital me advirtió varias veces “no te preocupes, que ahora envío un fax y os descongelan la fianza que os hayan pedido”. Dicho y hecho, a los cinco minutos estaba devuelta, y mientras le fue haciendo efecto el analgésico a M. y … se puso muuuuuuuuucho mejor. Como le hicieron toda clase de pruebas, le dijeron que debía quedarse esa noche ingresado para hidratarle y ver si conseguía expulsar la piedra que le habían visto. Era pequeña y no le faltaba mucho para salir.

Esa noche se quedó y mejoró muchísimo. Cada vez que hacía pis una enfermera lo filtraba para ver si expulsaba algo. Al día siguiente le dieron el alta. Como faltaban un par de días para nuestra marcha, le pidieron una consulta externa con el urólogo. Los del seguro llamaron un par de veces para preguntar como estaba incluso un par de días antes de volver a España (una semana después del incidente) y le dijeron que si el médico le ponía un tratamiento por el que debía prolongar la estancia, que se quedase, ya que estaba cubierto por el seguro y le pagaban un avión de vuelta si perdía el que le correspondía.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Octavo día: México D.F. - Cancún - Playa del Carmen

El octavo día nos levantamos muy temprano.

Rebobinemos, hay algo que no conté: las dos últimas noches casi no pudimos dormir ya que había un karaoke debajo que duaraba hasta las tantas de la mañana. Protestamos varias veces y como el hotel estaba lleno no nos pudieron cambiar de habitación. Joroba que se hicieran los locos el primer día ("¿karaoke?, ¡no sabemos nada!) hasta que la señora de la limpieza dijo "¡qué raro, si no suele empezar hasta los jueves!". Protestamos tanto que a Carlos le han regalado una noche gratis en el hotel para su empresa (nos hicieron tarifa de empresa...).
Sigamos con la historia. Era el día de inauguración de los Juegos Olímpicos. Fuimos muy temprano al aeropuerto Benito Juárez de México D.F. Viajábamos con AVIACSA, facturamos y entramos a la zona de embarque. Desayunamos de nuevo y esperamos viendo algo de la inaguración de los Juegos.

Cuando íbamos a la puerta de embarque (50 minutos antes de la salida del avión) nos confundimos (porque está MAL SEÑALIZADO) y bajamos unos 15 escalones hasta la zona de cintas donde se recogen las maletas. Allí había una guardia "de seguridad" que nos dijo que ya habíamos sobrepasado una imaginaria línea que delimitaba el último escalón y la zona de las maletas y que no podíamos volver a subir y a continuación nos dijo "van a perder su avión". Nos dejó boquiabiertos. Retuvo la tarjeta de embarque de M. mientras llamaba por radio a alguien que nos respondía. Nos angustiamos muchísimo. Pasó otra guardia de mayor rango que le dijo que nos dejase subir, y si no, que saliéramos y volviéramos a entrar. M. arrancó su tarjeta de las manos de la guardia "de seguridad" y salimos y volvimos a pasar el control. Llegamos a tiempo, por supuesto y nos sobró bastante tiempo, y eso que en mi mochila confuenderon la funda de las gafas con un cuchillo...

¿Cómo es posible que cuatro personas que han viajado por medio mundo (Drichal ha visitado los cinco continentes y Charlotte y M. han vistado al menos tres) se pierdan dos veces (ya contaré la segunda) en un aeropuerto? Pues porque está MUY MAL SEÑALIZADO. Así que cuidado los viajeros que vayan a hacer viajes tocando el aeropuerto de México D.F.: es un caos.

Otra cosa curiosa es que está repleto de guardias "de seguridad" que no hacen absolutamente nad, más que vegetar. Además les pides cualquier indicación y te la suelen dar mal. Quizá sea el mal de altura, que ataca de manera permanente...

El avión salió puntualísimo y desde él pudimos ver el Popocatépetl, que no pudimos ver desde Cholula por culpa de las nubes. Dos horas después llegamos al aeropuerto internacional de Cancún. Allí nos esperaba puntual una furgoneta para llevarnos al hotel en Playa del Carmen, exactamente en Playacar, una urbanización de Playa del Carmen. Nos esperaba el Hotel Riu Lupita y ¡el Caribe! Lo que había comenzado siendo un pequeño apéndice del viaje para ver Tulum y Chichén Itza, se había convertido en la estrella del viaje: esperábamos ansiosos ver nuestro hotel, bañarnos en las aguas caribeñas, disfrutar del "todo incluido" y ver algunas de las ruinas más famosas del mundo.

El hotel no nos defraudó: llegamos y en cuanto hablamos de que teníamos una reserva, apareció un camarero de la nada con unos cócteles de bienvenida. Como todavía no habían limpiado la habitación nos cambiamos en un cuarto y nos marchamos a la playa. El complejo Riu tiene allí varios hoteles, el Lupita es el único que no está a pie de playa (por eso es el más barato), pero tiene una guagua (perdón camión,... perdón, AUTOBÚS) que va a la playa cada 20 ó 30 minutos. Allí hay un "club de playa" donde hay un autoservicio y una zona acotada para los clientes del hotel.

Estábamos todos excitados pero sin dudarlo, Drichal estaba que se subía por las paredes. Además él es "sol-adicto" y quería subir un par de grados su "morenez".

Desde donde deja el autobús hasta la misma playa hay un caminito rodeado de vegetación que se recorre en tres minutos. Mientras avanzábamos no podíamos creer lo que veíamos. Para mi es imposible describir los colores del Caribe: azules, verdes, esmeraldas, todo tipo de tonalidades que solamente se pueden apreciar allí. Ninguna foto les haría jsuticia y solamente algún gran pintor podría transmitir un poco la variedad de colorido de ese mar.


Ese día descansamos y nos quedamos en la playa hasta que "cerró". Comimos en el "club de playa" y nos aventuramos por los otros hoteles Riu, que eran para gente más pudiente, pero de los que podíamos aprovechar sus instalaciones (excepto el de los ricos-riquísimos, que siempre hay clases).
Como curiosidad comentar que en la habitación del hotel había unos dispensadores de bebidas alcohólicas como en los bares (de esos en los que las botellas están puestas boca abajo y solamente hay que abrir un grifo) y la nevera llena de cervezas, refrescos y agua.
Image Hosted by ImageShack.us
Por la noche llegaron al hotel Carlos y su novia mexicana, bueno, no era novia, era una chica con la que mantenía una relación. Es muy mexicana, tanto en físico como en carácter y estaba MUY BUENA.