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lunes, 24 de noviembre de 2008

Decimosexto día: Querétaro - México D.F. - Atlanta - Madrid

El decimosexto día fue el del viaje de vuelta. Nos levantamos tempranísimo porque teníamos tres aviones que tomar. Llamamos a dos taxis que nos recogieron y pasé más miedo en el trayecto al aeropuerto que en los aviones que tomamos a continuación. Los taxistas iban conectados por emisora de radio y se avisaban de cuándo podían adelantar en una curva sin visibilidad de una vía de doble sentido...

Al llegar al aeropuerto me di cuenta de que había dejado mi teléfono en casa de Carlos y ya no me daba tiempo a volver para recogerlo así que... menos mal que Carlos volvía a las dos o tres semanas para la boda de su hermana.

El Querétaro - México D.F. lo hicimos en Aeromar, en un avión de hélices, para gozo de Charlotte, que odia volar. En el aeropuerto de México D.F. tuvimos que volver a facturar, pero esta vez hubo una empleada de Aeroméxico (que era la compañía que nos llevaba a Atlanta) que nos dijo que podíamos no recoger el equipaje en Atlanta y facturarlo directamente a Madrid, ya que Atlanta es uno de los pocos aeropuertos de Estados Unidos que tiene esa opción. Casi le dimos un beso.

El vuelo a Atlanta fue estupendo y al llegar allí tuvimos que pasar de nuevo los controles de aduanas: extenuante.

Esta vez, la escala en Atlanta fue más amable que la primera, y a todos les entró la fiebre de las compras, hasta tal punto que casi nos tienen que llamar para el embarque, ¡con cuatro horas de escala! También comimos en un Foster's una hamburguesa que nos supo a gloria bendita. Por cierto, vimos más tíos buenos en la escala en Atlanta que en los días que pasamos en México.

El vuelo Atlanta - Madrid no tuvo ningún retraso y llegamos puntuales a la T1, con lo que tardaron unos 15 ó 20 minutos en devolvernos las maletas. A la salida nos esperaban la hermana de M. y mi hermana, que ya habían entablado una animada conversación porque M. le había enviado a su hermana un mensaje describiéndole cómo es mi hermana...

sábado, 8 de noviembre de 2008

Decimoquinto día: Querétaro

El penúltimo día de nuestro viaje a México nos quedamos en Querétaro. M. se compró su maleta nueva atendidos por un dependiente que parecía sacado de una película ya que era bastante surrealista hablar con él. Yo me compré unos pantalones que costaron 21 euros y un candado (de los que puede abrir la TSA) que no duró ni un viaje ya que simplemente, desapareció.

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Centro Comercial Liverpool
(
Fuente)

Paseamos por el centro, fuimos al lugar donde fusilaron al emperador Maximiliano, estuvimos haciendo compras de última hora ("¡no tengo ningún recuerdo de Querétaro!" fue la frase más repetida), comimos muy bien chile en nogada y cenamos mucho mejor en un lugar maravilloso donde nos llevó Carlos.

Capilla del Cerro de las Campanas

Capilla del Cerro de las Campanas


Monumento a Benito Juárez

Monumento a Benito Juárez

Acueducto de Querétaro

Acueducto de Querétaro

Parque Central

Parque Central


Hicimos las maletas y a la cama, que al día siguiente teníamos que tomar un avión a las 6 de la mañana.

martes, 4 de noviembre de 2008

Decimocuarto día: Pátzcuaro - Morelia

Este día fue gracioso aunque hubo algo que se repitió respecto a otros: un desplazamiento largo para una visita corta.

Salimos pronto de Querétaro y tomamos la autopista hacia Morelia. Primera sorpresa es que hay carreteras en las que se paga peaje por ir en una vía de doble sentido, no en una autopista. Segunda sopresa, esta vez no hubo ciclistas en peregrinación sino una manifestación que cortó el tráfico. Como allí las autopistas tienen casas alrededor y la gente cruza caminando, había un tramo en el que hubo varios atropellos y cortaron la carretera para pedir un puente. Estuvimos como una hora y media allí parados, pero nos lo tomamos con filosofía.

Atasco camino de Pátzcuaro y Morelia

Llegamos a Pátzcuaro... rebobinemos. Yo tenía cierta fijación con Pátzcuaro: en el mes de febrero o marzo, en una de mis noches de insomnio, me fui a ver la TV para tratar de dormir, cosa que conseguí. A las cuatro de la mañana me desperté y en el canal que tenía puesto había un reportaje sobre una ciudad preciosa junto a un lago. Por casualidad me quedé con la esperanza de que fuera de México y... esa ciudad era Pátzcuaro. Al llegar a Querétaro me enteré de que está relativamente cerca de Querétaro y Carlos nos recomendó la visita Pátzcuaro - Morelia.

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La historia de Pátzcuaro no puede separarse de la historia de Vasco de Quiroga, un sacerdote nacido en Madrigal de las Altas Torres (Valladolid) en 1470. El presidente de la primera audiencia permitió que hubiera muchos abusos en la época de la conquista, hasta tal punto que llegó a oídos de las autoridades españolas y fue enviado allí un sacerdote de ¡61 años! como "oidor". Lo que hizo Vasco de Quiroga fue poner orden, proteger a los indios y crear escuelas de oficios, que parecen ser el origen de la artesanía de esa zona para darles independencia económica. Protegió de tal manera a los habitantes de la zona que se le llama desde entonces "Tata Vasco" y se ganó la enemistad de muchos colonos españoles, que abandonaron la ciudad. Parece que estuvo muy influido por la "Utopía" de Santo Tomás Moro. Se le aprecia tanto que tiene una estatua enorme en la plaza principal de Pátzcuaro.

La ciudad está junto a un lago en cuyo centro hay una isla que tiene una ciudad, Janitzio, que parece ser el lugar idóneo para visitar el día 1 de noviembre.

Hay unas fotos muy bonitas en esta dirección:
http://www.pbase.com/dserebrisky/patzcuaro

Después fuimos a Morelia, que es una de las ciudades más bonitas que hemos visto en el viaje. Encima nada más llegar vimos el baile de "Los viejitos", que es una parodia de los españoles que hicieron los indios hace varios siglos.

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Encontré un par de videos en youtube que no está mal:





En morelia también se recuerda a Vasco de Quiroga:
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Cada calle de Morelia tiene un sabor a antiguo pero no es como un teatro, sino que es una ciudad permanentemente vivida

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Yo me hubiera quedado una noche (tal y como nos sugería por teléfono Carlos), porque la ciudad invita a visitarla de día y de noche y además tiene unos restaurantes con un aspecto muy apetitoso, pero queríamos volver a Querétaro y con pena cogimos el coche. Por supuesto, tardamos un montón en salir de la ciudad (como siempre).

viernes, 24 de octubre de 2008

Decimotercer día: Guanajuato

Después de volver de la playa había que aprovechar para visitar algunas de las ciudades cercanas a Querétaro y que son maravillosas.

En primer lugar nos decidimos por Guanajuato. Carlos nos prestó su coche y fuimos los cuatro junto a Tania. Lo primero que nos encontramos ¡en la autopista! fue una peregrinación en bicicleta de cientos o miles de personas. Como es natural, uno de los carriles estaba ocupado por ellos y el tráfico iba muy lento.

Al llegar a Guanajuato momento de pánico: en una rotonda el coche se paró y se negó a arrancar. ¡Glup! Nos empujaron para quitarnos de en medio del tráfico y esperamos. Al cabo de un rato y a punto de llamar a la grúa, se me ocurrió pedir las llaves y... el coche arrancó. Creo que Tania sobrecalentó el coche en las cuestas de entrada a la ciudad usando marchas inadecuadas. Otra vez se volvió a parar en el párking y lo aparcamos usando la tracción animal. Desde entonces siempre fui el chófer.

La ciudad es preciosa. Está en un valle y las casas trepan hacia las alturas. ¡También hay calles subterráneas! Hay que tener en cuenta que esta era una ciudad minera.

Aquí s puede ver el Teatro Benito Juárez y el templo de San Diego.



Universidad de Guanajuato:

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Había muy buen ambiente por la ciudad y entramos en una tienda donde vendían dulces y "katrinas" preciosas. A pesar de animar a M. no quiso comprar ninguna.

Aquí se puede ver un monumento a benito Juárez, quien declaró a Guanajuato como capital en 1858.

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La ciudad está llena de monumentos a Cervantes y a El Quijote pues tiene mucha fama su festival cervantino. Lo que ha unido la lengua y la literatura que no lo separe el hombre.

A continuación está la plaza de la Paz, donde nos sentamos a comer.
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Por cierto, no quisimos ir a ver el museo de las momias...

En el viaje de vuelta me confundí, por supuesto, y dimos una vuelta enorrrrrrrme para volver a Querétaro. Encima habíamos quedado a cierta hora para que a M. para darle l indemnización por la rotura de su maleta, así que iba un poco agobiado. Al final llegamos bien, aunque en medio de una tormenta.

domingo, 19 de octubre de 2008

Duodécimo día: Playa del Carmen - México D.F. - Querétaro

El día que marchábamos de Playa del Carmen también teníamos cita con el urólogo en el Hospital. Mientras íbamos a la cita, Drichal se bañaba en el Caribe y subía un tono más su "morenez" y Charlotte se quedaba en la piscina para rematar bien la maleta.

Fauna del Hotel Riu Lupita


Adornos de la habitación del Hotel Riu Lupita

Adornos que dejan en las habitaciones hechos con toallas

Piscina del Hotel Riu Lupita

Piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines de la piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines adornando la piscina del Hotel Riu Lupita

El médico confirmó el diagnóstico y le puso a M. una medicación sintomática hasta nuestra vuelta a Madrid.

Volvimos al hotel y disfrutamos de la piscina y el buffet antes de que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto ¡con tres horas de antelación! Daba un poco de rabia, pero por otro lado íbamos más seguros, por si los atascos en la autopista. En el aeropuerto Drichal y M. se probaron un sombrero maricahi, aunque a Drichal le pone nervioso.

Vuelo tranquilo a México D.F. y en el mismo aeropuerto tomamos el camión (autobús) a Querétaro. Impresiona que registren a los pasajeros y el equipaje como si fueras a subir en avión, pero pensándolo bien es la medida más adecuada.

Al llegar a Querétaro nos encontramos que estaba Carlos eperándonos junto a Tania, a quien no esperábamos ver allí. En medio de un diluvio nos llevaron a casa de Carlos y nos fuimos prontito a la cama.

martes, 2 de septiembre de 2008

Tercer día en México

El tercer día fue muy interesante. Carlos nos estuvo enseñando su obra. La verdad es que el edificio que ha hecho es impresionante, no me extraña que se le note envejecido y cansado, porque ha sido una obra fantástica. Dejamos de ir a Zacatecas, que es una pena, pero nos apetecía muchísimo ir a ver la obra en la que se ha dejado estos dos años Carlos y nos hacía más ilusión que fuera él quien nos la mostrase con la pasión con la que consigue entusiasmar al más reticente.

Después de la visita fuimos a comer a un restaurante en una antigua hacienda: Los Laureles. Es precioso y tuvo actuación de unos mariachis incluida.

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(Foto cortesía de M.)

Comimos cosas curiosas como el escamole que es hueva de hormiga (está riquísimo) y como el chile en nogada, que es un chile enorme (el chile) relleno de carne y cubierto con una salsa hecha con nata y rociada con granada. En resumen, tiene los colores de la bandera mexicana: rojo (granada), verde (chile) y blanco (nata).

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(Foto cortesía de M.)

Por la tarde fuimos a casa de uno de los compañeros de Carlos, que estaba con unos amigos y estuvimos jugando a la Wii hasta las tantas. Carlos se ha enviciado muchísimo... dice que no se la piensa comprar nunca porque está demasiado enviciado, pero yo lo dudo.

Al día siguiente nos esperaba el viaje a México D.F.

domingo, 31 de agosto de 2008

México días 1 y 2

Voy a tratar de contar de manera más o menos detallada el viaje a México incluyendo algunas fotos. Para los dos primeros días aprovecharé un poco el relato que hice al llegar allí desde casa de Carlos.

El día 1 nos levantamos prontísimo aunque el vuelo lo teníamos a las 11 de la mañana, como era día 1 de agosto temíamos que hubiera mucho lío en Barajas.

En el aeropuerto no hubo problemas, facturamos en seguida y nos metimos a la zona de embarque. Al facturar me encontré con mi dentista que se iba tres semanas a los Estados Unidos y una semana a la Baja California.

Nos esperaban 9 horas y media hasta Atlanta y luego un poco de espera allí (muy poca) y vuelo a Querétaro. Llegamos con 1 hora de retraso a Atlanta, pasamos la aduana (¡qué lentos que son!) con sus trámites: toman las huellas de TODOS los dedos de las dos manos y te hacen una foto con una webcam. Después tuvimos que recoger los equipajes M., Charlotte y yo, recorrer unos cuantos metros y entregarlos en una cinta (ni siquiera facturarlos). Drichal no tuvo que hacerlo porque utilizó sus encantos en el aeropuerto de Madrid para que le facturasen directamente la maleta hasta Querétaro. Parece ser que solamente se puede hacer cuando se hace escala en algunos aeropuertos, no en todos, y Atlanta es uno de ellos. Lo que joroba es que a nosotros tres no nos dijeran nada.

Miramos una pantalla y ponían que quedaba aun unos minutos para embarcar rumbo a Querétaro y que era en la otra punta del aeropuerto, tomamos el trenecito y al llegar a la puerta indicada ¡allí no era! Miramos en una pantalla y habían cambiado la puerta a la esquina opuesta del aeropuerto y quedaban 5 minutos nada más. Corrimos por la terminal y al llegar a la puerta ¡vuelo a otro lugar! Miramos de nuevo los paneles y habían vuelto a cambiar la puerta de embarque a la otra punta (de nuevo). Decidimos ir a preguntar a información que muy amablemente nos indicaron que sus pantallas funcionaban perfectamente. Al final acudimos a una empleada de Delta que, después de decirle a Drichal "Don't touch me!" indagó y nos dijo que las pantallas no funcionaban. Nos indicó el número de puerta correcto y allí fuimos. Ponía que el vuelo era a Monterrey, pero los empleados nos dijeron que allí se embarcaba a Querétaro: alucinante.

El aeropuerto de Atlanta estaba lleno de militares en tránsito hacia sus bases. Impresiona por lo jóvenes que son.

Al embarcar se formó mucho lío porque seguía poniendo el vuelo a Monterrey los que iban en ese vuelo se mosquearon. Nos montaron en el avión y nos tuvieron ¡dos horas dentro sin aire acondicionado! Además tuvieron que cambiar el avión de puerta de embarque para que pudiera entrar una niña que iba en silla de ruedas. Drichal logró que repartieran agua (¡cómo le gusta discutir en inglés y sacar su mejor acento británico con los americanos!) Me reafirmo: impresionante lo malo del viaje. El vuelo estuvo bien, y tuvo su parte de espectáculo porque rodeamos una tormenta.

Después de tres horas de viaje llegamos al aeropuerto de Querétaro y... habían perdido dos de cuatro maletas: las de M. y Charlotte. Curiosamente, la de Drichal llegó perfectamente, y la mía también, y eso que la entregué a la vez que M. y Charlotte. El aeropuerto de Querétaro es poco más grande que mi casa (y mi casa es pequeña). Curioso es el "semáforo fiscal" de entrada en México: hay que entregar una declaración de aduana, y después pulsar un botón en un semáforo, si se pone en verde pasas tranquilamente, si se pone en rojo hay que abrir la maleta y comprueban que la declaración de aduanas es correcta.

Carlos nos esperaba en la salida y nos llevó de cena a un sitio precioso. Allí estaban esperando unos amigos suyos (mexicanos) muy simpáticos. Incluso había dos gays, que se ofrecieron como cicerones por locales de Querétaro. Nosotros teníamos pinta de náufragos recién rescatados y allí estábamos en un restaurante pijito (fresa, como se dice allí) con la gente de punta en blanco.
Después de 24 horas en pie, no teníamos ganas de salir de juerga, excepto Drichal, que salió con ellos y volvió a las 4 de la mañana (hora local, las 9 de la noche hora peninsular, lo que quiere decir que estuvo en pie muchísimas horas). Los demás nos fuimos a casa de Carlos y nos quedamos dormidos casi inmediatamente, de hecho estaba hablando con M. y me di cuenta que se había quedado frito.

Al día siguiente salimos a desayunar con Carlos a un lugar precioso: El Arcángel. Es un café con un patio interior cubierto que hacen unas magdalenas exquisitas. Nos dieron un buen desayuno con fruta, café, zumo, frijoles y yo tomé un plato que tenía huevo frito sobre tortilla de maíz... vamos, un desayuno contundente. Después fuimos a ver el centro de Querétaro.

Me gustó el color de las calles de Querétaro como el de la Iglesia de San Francisco:


Es una ciudad en donde se desarrollaron episodios importantes de la historia, como en la Casa de la Corregidora donde el 15 de septiembre de 1810 se adelantaron los planes de la independencia, salió de aquí el mensaje que desencadenó el Grito y la Guerra de Independencia.


Este es el Teatro de la República, que fue sede de varios acontecimientos: el juicio al Emperador Maximiliano y dos de sus generales (Miguel Miramón y Tomás Mejía), que terminó con la sentencia a ser fusilados, el debate y promulgación de la Constitución de México y la fundación del PRI.


El fusilamiento del Emperador dio lugar a que Manet pintase uno de sus mejores cuadros donde los soldados llevan uniformes franceses (para culpar al emperador de Francia de haber dejado solo a Maximiliano y también de haberle impuesto como emperador en México) y Maximiliano lleva sombrero mexicano.


Drichal se creía (eso interpreté al final del viaje) que yo era afín a Maximiliano, pero lo que ocurre es que me fascina ese capítulo de la historia en la que un archiduque austriaco acaba fusilado en una ciudad de México después de que le coronasen emperador con el apoyo de los franceses. Y lo que me gusta más es el gran cuadro de Manet.
Por supuesto, allí M. hizo sus primeras compras, que fueron unos cuadritos, ¡cómo no!

Después de la visita a Querétaro Carlos nos llevó a San Miguel de Allende. Son unas ciudades con un gran sabor, preciosas. Muchas veces me recordaban a Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria. Alucinante.


Después de visitar parte de la ciudad comimos en un restaurante fantástico que era una antigua hacienda, que hoy tiene un hotel y un restaurante. Comí "Molcajete" que es un plato que se sirve en un recipiente hecho de piedra volcánica, y que se va cocinando en el propio recipiente que está caliente.

Al volver Carlos llamó a Delta para preguntar por el equipaje de M. y Charlotte, y le dieron muuuchas largas. Nosotros hiciemos el último vuelo de Delta entre Atlanta y Querétaro, así que la compañía ha desaparecido de allí... hay que llamarles a Ciudad de México. Al cabo de 20 minutos de mucho insistir al teléfono ¡sorpresa! Llaman al otro teléfono desde el aeropuerto de Querétaro diciendo que ya tienen las maletas y que nos las llevan en una hora (¡qué casualidad que llamasen cuando les insistieron!). Aparecieron a las 23:30 de la noche (unas tres horas de retraso) y la de M. rota, la de Charlotte dañada también, pero no tanto como la de M..


Ahí empezó una nueva aventura: la maleta de M..
Esa noche fuimos a casa de unos de los compañeros de Carlos y después fuimos al Heaven, una discoteca gay de Querétaro. Bueno, más bien "la" discoteca gay de Querétaro. Volvimos a casa a las tantas con muuucho sueño.