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martes, 28 de abril de 2009

Soy un paleto

Mañana tengo que ir de nuevo al médico de cabecera al trámite de la baja. No sé si me dará el alta o no. Sinceramente ahora no me apetece, hace quince días sí, ahora no.

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Hemos hablado con Carlos por el messenger. Carlos es nuestro amigo en México, donde se fue a trabajar hace un par de años y a quien visitamos el verano pasado. Está bien, pero preocupado. La situación es complicada en México D.F. y el lunes no fue a trabajar.

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He descubierto que soy un paleto porque me mola la Bruni. Los de los programas del corazón/actualidad han estado diciendo que al fijarnos en la Bruni somos paletos. Pues no solo me he fijado, sino que además me ha molado. Está tremendamente espectacular.


Reconozco que además me pone Sarkozy. Me parece un tío atractivo a más no poder. Un seductor nato. Claro, que un día vi una foto de su padre y ¡ese sí que era atractivo!

Me parece guapísima y una buena vendedora de las cosas de su tierra.

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Como ayer estaba un poco depre me compré la primera temporada de "Los Tudor".


Ya vi el primer capítulo y es una serie muy entretenida, ya se sabe que esa época (la de Enrique VIII de Inglaterra) es mejor que un programa del corazón. Visto el primer capítulo, él y sus amigos se pasaban el día zumbándose a quien podían. (Pensándolo bien, tampoco han cambiado tanto las cosas.)

Por cierto, ¡¡¡qué interesante sale Enrique VIII!!!
Iniciando las conversaciones

Pero su amigo Charles Brandon está mejor. El actor se llama Henry Cavill y es un tío que está... en el primer capítulo sale en una escena zumbándose a una "lady" y ... enseña casi todo.
Este puede con dos

Vaya miradita



Además, debe ser de los pocos actores al que no depilan hasta el último folículo del pecho.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Decimosexto día: Querétaro - México D.F. - Atlanta - Madrid

El decimosexto día fue el del viaje de vuelta. Nos levantamos tempranísimo porque teníamos tres aviones que tomar. Llamamos a dos taxis que nos recogieron y pasé más miedo en el trayecto al aeropuerto que en los aviones que tomamos a continuación. Los taxistas iban conectados por emisora de radio y se avisaban de cuándo podían adelantar en una curva sin visibilidad de una vía de doble sentido...

Al llegar al aeropuerto me di cuenta de que había dejado mi teléfono en casa de Carlos y ya no me daba tiempo a volver para recogerlo así que... menos mal que Carlos volvía a las dos o tres semanas para la boda de su hermana.

El Querétaro - México D.F. lo hicimos en Aeromar, en un avión de hélices, para gozo de Charlotte, que odia volar. En el aeropuerto de México D.F. tuvimos que volver a facturar, pero esta vez hubo una empleada de Aeroméxico (que era la compañía que nos llevaba a Atlanta) que nos dijo que podíamos no recoger el equipaje en Atlanta y facturarlo directamente a Madrid, ya que Atlanta es uno de los pocos aeropuertos de Estados Unidos que tiene esa opción. Casi le dimos un beso.

El vuelo a Atlanta fue estupendo y al llegar allí tuvimos que pasar de nuevo los controles de aduanas: extenuante.

Esta vez, la escala en Atlanta fue más amable que la primera, y a todos les entró la fiebre de las compras, hasta tal punto que casi nos tienen que llamar para el embarque, ¡con cuatro horas de escala! También comimos en un Foster's una hamburguesa que nos supo a gloria bendita. Por cierto, vimos más tíos buenos en la escala en Atlanta que en los días que pasamos en México.

El vuelo Atlanta - Madrid no tuvo ningún retraso y llegamos puntuales a la T1, con lo que tardaron unos 15 ó 20 minutos en devolvernos las maletas. A la salida nos esperaban la hermana de M. y mi hermana, que ya habían entablado una animada conversación porque M. le había enviado a su hermana un mensaje describiéndole cómo es mi hermana...

domingo, 19 de octubre de 2008

Duodécimo día: Playa del Carmen - México D.F. - Querétaro

El día que marchábamos de Playa del Carmen también teníamos cita con el urólogo en el Hospital. Mientras íbamos a la cita, Drichal se bañaba en el Caribe y subía un tono más su "morenez" y Charlotte se quedaba en la piscina para rematar bien la maleta.

Fauna del Hotel Riu Lupita


Adornos de la habitación del Hotel Riu Lupita

Adornos que dejan en las habitaciones hechos con toallas

Piscina del Hotel Riu Lupita

Piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines de la piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines adornando la piscina del Hotel Riu Lupita

El médico confirmó el diagnóstico y le puso a M. una medicación sintomática hasta nuestra vuelta a Madrid.

Volvimos al hotel y disfrutamos de la piscina y el buffet antes de que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto ¡con tres horas de antelación! Daba un poco de rabia, pero por otro lado íbamos más seguros, por si los atascos en la autopista. En el aeropuerto Drichal y M. se probaron un sombrero maricahi, aunque a Drichal le pone nervioso.

Vuelo tranquilo a México D.F. y en el mismo aeropuerto tomamos el camión (autobús) a Querétaro. Impresiona que registren a los pasajeros y el equipaje como si fueras a subir en avión, pero pensándolo bien es la medida más adecuada.

Al llegar a Querétaro nos encontramos que estaba Carlos eperándonos junto a Tania, a quien no esperábamos ver allí. En medio de un diluvio nos llevaron a casa de Carlos y nos fuimos prontito a la cama.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Octavo día: México D.F. - Cancún - Playa del Carmen

El octavo día nos levantamos muy temprano.

Rebobinemos, hay algo que no conté: las dos últimas noches casi no pudimos dormir ya que había un karaoke debajo que duaraba hasta las tantas de la mañana. Protestamos varias veces y como el hotel estaba lleno no nos pudieron cambiar de habitación. Joroba que se hicieran los locos el primer día ("¿karaoke?, ¡no sabemos nada!) hasta que la señora de la limpieza dijo "¡qué raro, si no suele empezar hasta los jueves!". Protestamos tanto que a Carlos le han regalado una noche gratis en el hotel para su empresa (nos hicieron tarifa de empresa...).
Sigamos con la historia. Era el día de inauguración de los Juegos Olímpicos. Fuimos muy temprano al aeropuerto Benito Juárez de México D.F. Viajábamos con AVIACSA, facturamos y entramos a la zona de embarque. Desayunamos de nuevo y esperamos viendo algo de la inaguración de los Juegos.

Cuando íbamos a la puerta de embarque (50 minutos antes de la salida del avión) nos confundimos (porque está MAL SEÑALIZADO) y bajamos unos 15 escalones hasta la zona de cintas donde se recogen las maletas. Allí había una guardia "de seguridad" que nos dijo que ya habíamos sobrepasado una imaginaria línea que delimitaba el último escalón y la zona de las maletas y que no podíamos volver a subir y a continuación nos dijo "van a perder su avión". Nos dejó boquiabiertos. Retuvo la tarjeta de embarque de M. mientras llamaba por radio a alguien que nos respondía. Nos angustiamos muchísimo. Pasó otra guardia de mayor rango que le dijo que nos dejase subir, y si no, que saliéramos y volviéramos a entrar. M. arrancó su tarjeta de las manos de la guardia "de seguridad" y salimos y volvimos a pasar el control. Llegamos a tiempo, por supuesto y nos sobró bastante tiempo, y eso que en mi mochila confuenderon la funda de las gafas con un cuchillo...

¿Cómo es posible que cuatro personas que han viajado por medio mundo (Drichal ha visitado los cinco continentes y Charlotte y M. han vistado al menos tres) se pierdan dos veces (ya contaré la segunda) en un aeropuerto? Pues porque está MUY MAL SEÑALIZADO. Así que cuidado los viajeros que vayan a hacer viajes tocando el aeropuerto de México D.F.: es un caos.

Otra cosa curiosa es que está repleto de guardias "de seguridad" que no hacen absolutamente nad, más que vegetar. Además les pides cualquier indicación y te la suelen dar mal. Quizá sea el mal de altura, que ataca de manera permanente...

El avión salió puntualísimo y desde él pudimos ver el Popocatépetl, que no pudimos ver desde Cholula por culpa de las nubes. Dos horas después llegamos al aeropuerto internacional de Cancún. Allí nos esperaba puntual una furgoneta para llevarnos al hotel en Playa del Carmen, exactamente en Playacar, una urbanización de Playa del Carmen. Nos esperaba el Hotel Riu Lupita y ¡el Caribe! Lo que había comenzado siendo un pequeño apéndice del viaje para ver Tulum y Chichén Itza, se había convertido en la estrella del viaje: esperábamos ansiosos ver nuestro hotel, bañarnos en las aguas caribeñas, disfrutar del "todo incluido" y ver algunas de las ruinas más famosas del mundo.

El hotel no nos defraudó: llegamos y en cuanto hablamos de que teníamos una reserva, apareció un camarero de la nada con unos cócteles de bienvenida. Como todavía no habían limpiado la habitación nos cambiamos en un cuarto y nos marchamos a la playa. El complejo Riu tiene allí varios hoteles, el Lupita es el único que no está a pie de playa (por eso es el más barato), pero tiene una guagua (perdón camión,... perdón, AUTOBÚS) que va a la playa cada 20 ó 30 minutos. Allí hay un "club de playa" donde hay un autoservicio y una zona acotada para los clientes del hotel.

Estábamos todos excitados pero sin dudarlo, Drichal estaba que se subía por las paredes. Además él es "sol-adicto" y quería subir un par de grados su "morenez".

Desde donde deja el autobús hasta la misma playa hay un caminito rodeado de vegetación que se recorre en tres minutos. Mientras avanzábamos no podíamos creer lo que veíamos. Para mi es imposible describir los colores del Caribe: azules, verdes, esmeraldas, todo tipo de tonalidades que solamente se pueden apreciar allí. Ninguna foto les haría jsuticia y solamente algún gran pintor podría transmitir un poco la variedad de colorido de ese mar.


Ese día descansamos y nos quedamos en la playa hasta que "cerró". Comimos en el "club de playa" y nos aventuramos por los otros hoteles Riu, que eran para gente más pudiente, pero de los que podíamos aprovechar sus instalaciones (excepto el de los ricos-riquísimos, que siempre hay clases).
Como curiosidad comentar que en la habitación del hotel había unos dispensadores de bebidas alcohólicas como en los bares (de esos en los que las botellas están puestas boca abajo y solamente hay que abrir un grifo) y la nevera llena de cervezas, refrescos y agua.
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Por la noche llegaron al hotel Carlos y su novia mexicana, bueno, no era novia, era una chica con la que mantenía una relación. Es muy mexicana, tanto en físico como en carácter y estaba MUY BUENA.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Séptimo día: México D.F.

Esa noche fue la noche en que estuvimos cagados, literalmente. Los cuatro pensamos que nos había atacado Moctezuma. Al final quedó en un malestar y unas cuantas visitas al baño, muy pocas.

Decidimos quedarnos en elcentro cerca del hotel y seguir la recomendación que me dieron: visita al Museo Nacional de Antropología. ¡Qué buena recomendación! El edificio es impresionante, está bien explicado y organizado y tiene unas piezas excepcionales.

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(Foto cortesía de Charlotte)


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Hay miles de piezas, pero no es un museo agobiante. Están reflejadas las diferentes etnias de México, que al ser un país enorme tiene muchísimas. Cada pueblo tenía su estilo artístico, completamente diferente de los otros pueblos y cada cual fascinante a su modo.

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Pasamos una mañana en la que íbamos de sorpresa en sorpresa, porque cada sala nos parecía más original que la anterior y, en general, completamente nueva.

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Esta es una pequeña muestra de las maravillas que había en el Museo. Es altamente recomendable.

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(Foto cortesía de M.)

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(Foto cortesía de M.)


En los jardines de cada sala había reproducciones de edificios o bien piezas verdaderas que de alguna manera se veían en un "medio natural", no en una sala.

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(Foto cortesía de Charlotte)


Esta es la "Piedra del Sol", descubierta en la Ciudad de México, junto a la plaza mayor en 1790. Como hace referencia a los días, se le llamó el "Calendario Azteca", pero es un altar de sacrificio donde luchaban dos hombres y que no se llegó a terminar porque tuvo una grieta de parte a parte, aunque parece que sí se utilizó.

Es la pieza estrella del museo, con justicia, pero las demás piezas están a la altura de la estrella.

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(Foto cortesía de Charlotte)

Después nos dimos una vuelta por el Bosque de Chapultepec, que es algo como el Retiro pero en grande.

A la salida fuimos a un Sanborns a comprar arroz hecho y nos lo comimos en el hotel. Nos fuimos pronto a la cama porque al día siguiente había viaje a primera hora ¡al Caribe!

sábado, 20 de septiembre de 2008

Sexto día: México D.F. (Puebla)

Para el sexto día hicimos una excursión a Puebla. Su verdadero nombre es Puebla de Zaragoza. Se llamaba "Puebla de los Ángeles", pero el 5 de mayo de 1862 las fuerzas mexicanas, comandadas por el General Ignacio Zaragoza (en los Cerros de Loreto y Guadalupe), derrotan al ejército francés, que se consideraba el más poderoso de la época. En 1863 los franceses la conquistaron, pero ya se vio que eran derrotables. Digamos que "se les perdió el respeto".

Fuimos a la TAPO, la estación camionera (de autobuses) en taxi y tomamos un camión (autobús) que nos llevó en un par de horas a Puebla. El caos de México D.F. es la causa de que la mayor parte del tiempo de viaje sea para salir de la ciudad. Al llegar a Puebla tomamo otro taxi que nos llevó a la Catedral. Es muy chocante ver cómo las naves industriales llegan prácticamente hasta el mismo centro de la ciudad, provocando un contraste enorme entre una calle con talleres y una hermosa calle colonial.


Catedral de Puebla

Dicen que es la ciudad de México con mayor número de iglesias, y no voy a ser yo quien lo niegue. En esta foto del lateral de la catedral se puede ver a cuatro reyes españoles y los ángeles que adornan la verja.
Catedral de Puebla. Detalle de la fachada

En el Zócalo estaba esta maravillosa calle cubierta que nos trasladaba a Bruselas.

Puebla. Zócalo.

Y junto a esta calle, el Palacio Municipal.



Puebla. Fuentes frente al Palacio Municipal.

Empezamos a dar vueltas por Puebla viendo iglesias, un mercado tipo Eiffel,


calles preciosas y terminamos junto a esta misma plaza del Zócalo comiendo el famoso "mole poblano", que es una salsa que está hecha con cacao (con muyyy poco dulce) que se utiliza con algunas carnes.

Antes llegamos a visitar el Templo de San Francisco


Puebla. Templo de San Francisco

Como anécdota curiosa enfrente había un "parking" al aire libre con un vigilante de unos 900 años, todo encorvadito, pero con UN PISTOLÓN que abultaba más que él.

Después de comer seguimos viendo lugares bonitos y pensamos ir a Cholula, que es un pueblo que está a unos 20 minutos en coche de Puebla y desde donde se ve el Volcán Popocatépetl (lo he escrito bien a la primera, que conste) y donde está la mayor pirámide de mesoamérica. Llamamos a un taxi por teléfono (el taxista que nos llevó en la mañana nos dio una tarjeta de su compañía de taxis) y quedamos en la esquina de dos calles. Mientras esperábamos M. se metió en la iglesia que estaba en la esquina y vio al "Niño cieguito". Él hizo fotos, yo no me atreví.

Dicen que en Cholula había tantas iglesias como días, pero no es verdad. Parece ser que contaban los pequeños altares como iglesias.

Allí hay una pirámide que es la más grande de mesoamérica y dicen que la más voluminosa del mundo. Tan grande, que creyeron que era una montaña, ya que está cubierta en parte por vegetación. Encima tenía un templo prehispánico y los españoles lo derribaron para erigir allí la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios.

Esta foto es cortesía de http://www.aiesec.org.mx/ porque como estábamos en época de lluvias, las nubes tapaban el volcán.

Llegamos y nos metimos en el interior de la pirámide: un túnel largo y estrecho.


Se sale al otro lado de la pirámide

Puebla. Pirámide de Cholula

(Foto cortesía de M.)

donde se puede apreciar cómo era en realidad antes de que estuviera cubierta por la vegetación.

En ese momento empezó a diluviar. Nos metimos en el taxi y decidimos que era hora de volver a México D.F. Era increíble lo que llovía, hubo un momento en que creíamos que el taxi no iba a poder seguir avanzando por las calles.

Como bien dijo Drichal, cogimos un taxi para ver un túnel y que nos cayera el diluvio universal.

Al llegar junto a nuestro hotel buscamos un restaurante donde cenamos unas quesadillas riquísimas y un postre con dulce de cajeta (similar al dulce de leche).

sábado, 13 de septiembre de 2008

Quinto día: México D.F. (Guadalupe y Teotihuacán)

El día siguiente se prometía como uno de los grandes días de excursión. Nuestro objetivo era Teotihuacán. Por la mañana temprano se presentó uno de los amigos de Carlos en México D.F., no podía acompañarnos pero nos aconsejó sobre cómo ir hasta allí en camión (autobús) desde la Central Camionera del Norte. Pedimos en recepción del hotel un taxi, y mientras bajábamos al coche, él habló con el conductor y llegó a un acuerdo con él: nos cobraba un precio fijo por llevarnos a Guadalupe, Teotihuacán, esperarnos allí (la visita son tres o cuatro horas) y volver a D.F.

Aceptamos y creo que hicimos muy bien. Primero nos llevó al Santuario de Guadalupe. Yo creía que era mucho más grande, y eso que es ENORME. Cosas de la imaginación. El edificio antiguo es bonito (la típica iglesia siglo...) y el nuevo es un edificio SOBERBIO.

En la explanada que había delante se concentraban las excursiones y peregrinaciones desde todas partes de México. Nosotros fuimos un día entre semana y había muchísimo movimiento. La gente se vestía con los trajes de su estado o región y cantaba y bailaba delante del templo (como David bailaba delante del Arca).

Santuario de Guadalupe, Peregrinos

Santuario de Guadalupe, Peregrinación



Entramos y estaban en Misa así que vimos de lejos el cuadro de la Virgen de Guadalupe. Fuimos al antiguo santuario y al volver el conductor nos preguntó si habíamos visto bien la Virgen, y entonces se ofreció a llevarnos: por detrás del altar y debajo del cuadro de la Virgen hay un túnel con una cinta mecánica (como las de los aeropuertos) para que la gente no se quede parada y se puede ver la Virgen desde muy cerca.

Después nos llevó a la cripta y entonces Drichal y M. recordaron que allí está enterrada Rocío Durcal. Al entrar había carteles que indicaban que solamente podán entrar familiares, y dentro había un guarda que se dirigió inmediatamente a nosotros... a Drichal no se le ocurrió otra cosa que decir que queríamos ver a Rocío porque "éramos sus vecinos". Vimos la lápida, por supuesto.

Entonces nos llevaron a Teotihuacán. Previamente el conductor nos llevó a una cooperativa (una pequeña encerrona) donde nos explicaron cómo se elabora el tequila y el pulque, y nos vendieron algunas cosas (mantas, ¿plata? y algún que otro recuerdo). Entonces ya estábamos impacientes por pisar Teotihuacán, porque desde la carretera se habían visto las pirámides...

Nada más entrar estaban estas "pequeñas" construcciones que corresponden a "La Ciudadela".
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Pero al girar la vista a la izquierda se veía la Calzada de los Muertos y las dos grandes pirámides: la del Sol a la derecha y la de la Luna al fondo.

(Pongo la foto en pequeño para que quien quiera pueda pulsar y verla en grande)

En ese momento ya había merecido la pena el viaje. Es uno de los momentos más impresionantes que he vivido. Todo es enorme y armonioso.



Aquí está un detalle de la foto en la que se aprecian mejor las pirámides.

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Tomamos la determinación de ir subir a ambas pirámides. Nos desilusionó que había vendedores por todas partes y en algunas ocasiones bastante acosadores. Llegamos a la Pirámide del Sol y subimos a ella. Es una sensación indescriptible. La vista es única.



Aquí la Pirámide de la Luna vista desde la cima de la Pirámide del Sol (foto cortesía de Drichal)



Subimos a la Pirámide del Sol. La gente hace un "ritual" en la cumbre poniendo un dedo sobre un clavo que aparentemente está en la cumbre de la pirámide y la otra mano la dirige hacia el Sol.

Bajamos de la Pirámide del Sol y emprendimos el camino hacia la Pirámide de la Luna. Delante hay una plaza que es espectacular por lo armonioso de las construcciones que la rodean.

Después fuimos al Palacio de Quetzalpapálotl (quetzal, pluma; papálotl, mariposa) que tiene unos murales en color rojo pero nos impresionó el Patio de los Jaguares, donde hay unos bajorrelieves alucinantes. Hicimos muchas fotos de los bajorrelieves y seguro que amplío alguna de ellas y la cuelgo en casa.

La Pirámide del Sol vista entre tuneras.

Estábamos cansadísimos porque la caminata es larga y subir a todas partes se hace duro, y eso que tuvimos suerte y no hizo mucho sol. A pesar de eso terminé con una quemadura en el cuelo y el hombro, donde la mochila tiraba ligeramente de la camiseta (fue una quemadura pequeña).

Volvimos en el taxi y nos llevó a la famosa Plaza de las Tres Culturas o Plaza de Tlatelolco, donde hay construcciones de tres periodos: las ruinas de Tlatelolco, que fue el último reducto de resistencia a la conquista, la huella española con una Iglesia y un Colegio católico (en la Iglesia fue bautizado Juan Diego, (a quien se apareció la Virgen de Guadalupe) y los edificios modernos. Es bonita pero creo que nos impresionó menos porque veníamos de ver la maravilla de Teotihuacán.

Hay una bonita frase:

Al volver al hotel estábamos cansadísimos porque la paliza había sido importante, pero había merecido la pena.

Descansamos en el hotel y nos dimos una vuelta por la zona rosa donde Drichal aprovechó para comprarse una camisa. Como no podía ser menos, llovió un ratito y nos tomamos una cervecita en un local y nos volvimos al hotel para liberar a los pies de los zapatos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Un par de fotos más del cuarto día

Un par de fotos del cuarto día cortesía de M.

En esta foto que hizo M. se nota más la inclinación de los edificios:

Mexico D.F., Edificio inclinado

Y una vista de la Pastelería La Ideal. Las fotos no hacen justicia al lugar:

Mexico D.F., Pastelería La Ideal

martes, 9 de septiembre de 2008

Cuarto día: México D.F.

Nos levantamos pronto y nos preparmos, pero antes fuimos hasta el aeropuerto para reclamar por los destrozos en las maletas, sobre todo la de M. No habíamos tenido en cuenta que Delta había desaparecido del aeropuerto de Querétaro y que allí ya no había nadie de la compañía. Muchas buenas palabras, pero ninguna solución. Menos mal que Carlos le dejó a M. su maleta.

Después nos llevó a la central camionera (la central de autobuses) y compramos los billetes a México D.F. Como allí apenas hay trenes de pasajeros, el transporte por carretera está muy bien organizado.

Al comprar el billete podíamos elegir el asiento, pero es que son asientos completamente reclinables, con lo que se puede ir prácticamente acostado. Encima al entrar te dan una bolsita con un sandwich y una bebida.

Una sorpresa es que al meter el equipaje en el maletero del autobús se etiqueta como en el aeropuerto, y a la llegada no te dan la maleta si no presentas el resguardo. Eso me parece una idea muy buena (a ver si lee esto alguien que tenga posibilidad de implantarlo en España!).

El autobús fue puntual como un reloj suizo y llegamos con algo de adelanto a México D.F. Es horrible pensar que de las dos horas y pico de trayecto (casi tres horas) nos pasamos una "entrando" en México D.F. A primera vista es una ciudad caótica. Al concerla algo mejor nos dimos cuenta de que es terriblemente caótica.

Otra idea a copiar es que el taxi en la estación es de "prepago". Hay una caseta donde se compra un boleto de taxi, diciéndole donde vas te pide la tarifa. Después al taxista hay que darle una propina.

Atemorizaban mucho los anuncios que escuchábamos en la radio del taxi que nos llevaba al hotel alertando sobre los secuestros en México para "tráfico de blancas, tráfico de drogas, pedir dinero o tráfico de órganos,..." ¡glup!

Llegamos al hotel y estaba DE CINE. Una suite junto al Bosque de Chapultepec (algo así como el Retiro en Madrid), con unas vistas impresionantes. Un par de días después tuvimos una sorpresita allí, pero ya la contaré en su momento.

Dejamos las cosas y nos fuimos a recorrer la ciudad. Por supuesto lo primero fue el Zócalo y las calles aledañas, con sus edificios inclinados en diferentes direcciones y con sus tiendas sacadas de la memoria de los años 70.

A mi me impresionó el Zócalo a pesar de haberlo visto cientos de veces en TV, fotografías, cine, etc.

México D.F., Zócalo

Otra vista preciosa es la de la zona del Palacio de Bellas Artes, claramente influido por la arquitectura francesa


Pero mezclado con lo normal en México D.F.: la policía.
Mexico D.F., Policías frente a Bellas artes

Esta es una de las calles que sale del Zócalo, que tenía varias tiendas de banderas. Lástima, me podía haber comprado una.
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Algo curiosísimo fue la inclinación que tienen las fachadas de los edificios en el centro ya que la ciudad se asienta sobre un lago. Creo que en esta foto se aprecia bastante bien. Bajo la cúpula de la Catedral hay un gran péndulo para registrar los movimientos del edificio.

Mexico D.F., Edificios inclinados

Nos dimos el gustazo de entrar en la pastelería "La Ideal" que es una pastelería a lo grande. Es un local enorme, lleno de mesas con bandejas interminables de pastas, pasteles, bollos, etc y donde el cliente toma lo que quiere como en un supermercado. Ahí compramos el desayuno del día siguiente y mereció la pena.