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martes, 11 de septiembre de 2007

De viaje (V, VI y VII)

El quinto día fuimos a ver la basílica de San Salvador en Chora. Los mosaicos son impresionantes: una verdadera belleza. El Cristo Pantocrator es lo mejor, indescriptible. De una serena belleza inigualable.

Lo malo es que está un poco retirada del centro y hay que coger el metro o un autobús. En el metro yo perdí una lentilla. Así que fui un poco “tuerto” esa mañana. Fuimos por los barrios adyacentes y volvimos al hotel a descansar. Por la tarde dimos un buen paseo por las orillas del Cuerno de Oro.

El sexto día fuimos a hacer un crucero por el Bósforo. Es un ferry que hace una visita panorámica por el Bósforo. Llega hasta Anadolu Kavagi,que es el penúltimo pueblo que hay antes del Mar Negro. Desde una antigua fortaleza se puede contemplar un vista del estrecho y el Mar Negro. Fue el estrecho por donde pasó Darío, rey de los Persas con un inmenso ejército, de Asia a Europa.

(El Mar Negro al fondo, con buques que van y vienen)

Por el camino se ven unas mansiones impresionantes y se cruza debajo de un par de puentes que unen Europa y Asia, lo que siempre impresiona.
(Puente Boğaziçi sobre el Bósforo)
Allí comimos un pescaíto frito que estaba muy rico, aunque el rebozado era un pelín pesado.

Por la tarde fuimos al hammam que nos había recomendado el camarero.

El séptimo día estuvimos dando una vuelta por el barrio de Gálata. Nos sentamos en una terraza a tomar un té y se sentó a nuestro lado un cámara de TV que estuvo charlando con nosotros. Después ¡nos invitó! Así que le dimos las gracias. Nunca me había pasado eso en España.

Esa tarde M. casi se compra una alfombra, creo que estaba yo más animado que el vendedor, pero me dijo que tenía muchos gastos y que no quería. ¡Lástima!

(Vista de Santa Sofía desde la Omar Teras)

Cenamos en la Omar Teras de nuevo, y reservamos mesa para tenerla junto a la ventana, con las vistas que son muy especiales para M. y para mi.

sábado, 8 de septiembre de 2007

De viaje (III y IV)

El tercer día fuimos a la Mezquita Azul: indescriptible. Simplemente hay que visitarla y dejarse atrapar por su embrujo.

Después buscamos otra que estaba sobre unos comercios cerca del Bazar de las Especias y nos dejó alucinados: qué decoración, simple y a la vez vistosa, pero también muy relajante. (Creo recordar que es la Mezquita de Rustem Pasa).

A continuación fuimos a la Mezquita de Soleimán el Magnífico que me dejó con la boca abierta (y aun no la he cerrado). Además fue construida en muy poco tiempo. Comimos allí cerca y a M. le apetecía una cerveza, pero por la cercanía de la Mezquita no la tenían. El camarero nos miró con cara de susto y nos dijo señalando la Mezquita: "no, no, ... the Mosque".

En los jardines de la Mezquita de Soleimán estaban filmando una película, serie, o lo que fuera.

Al llegar al hotel nos sorprendió que habían convertido las dos camas individuales pegadas en una sola cama… ¡qué majos los chicos del hotel! No nos hemos hecho cariñitos en público en el hotel ni nada de eso, pero se ve que son muy observadores.

El cuarto día fuimos al palacio de Topkapi. Nos gustó muchísimo, especialmente el harén. Qué manera de decorar, quizá allí sea lo habitual, pero a los que no estamos acostumbrados a eso, nos parece fascinante.

Allí M. se encontró con una ex-alumna ¡qué casualidad!

Por la tarde fuimos al hammam Çemberlitas, que es muy turístico y que estaba con una gran proporción de españoles. Primero estuvimos relajándonos en el hararet (el mármol caliente) y después nos dieron un buen meneo a cada uno. Lo curioso es que a M. le dieron más masaje que a mi. Al leer la guía lo comprendimos: a él le llevaron a lavar el pelo, a mi… no les hacía falta, iba bien rapadito de Madrid. (¡Qué discriminación! Con lo que me gusta que me toquen la cabeza).

Al ir hacia el hotel medio embobados nos paró el camarero de un restaurante frente a Santa Sofía mostrándonos el menú, le dijimos que era muy pronto y que volveríamos luego. Yo sabía que volveríamos porque en el menú había humus, que le encanta a M.

Cuando una hora después volvimos, el camarero flipó en colores. Nos atendieron muy bien, cenamos de maravilla y a la salida nos invitó a sentarnos con él a tomar “otro té”. Un tío encantador con el que hablamos de la vida en general y que nos recomendó otro hammam menos turístico y más barato.

La verdad es que estos tíos tienen una de recursos que impresionan. Son capaces de venderle un frigorífico a un esquimal. Es alucinante verles relacionarse con la gente. Al final terminamos llamándole Alberto, porque no nos quiso decir su nombre.

¡Ah! Hay algo que no falla: el fútbol. Esta gente sigue la liga española con devoción. Se saben las alineaciones del derecho y del revés.

jueves, 6 de septiembre de 2007

De viaje (II)

El segundo día en Estambul fue el primero en que nos despertamos juntos M. y yo después de muchísimo tiempo (desde la Navidad). Despertarnos juntos es algo mágico, lo mismo que tiene dormir juntos. Estar junto a la persona amada y saber que, al día siguiente, va a seguir estando a tu lado. Como ese día dormí muy bien, no pude hacer algo que me encanta: ver cómo duerme M.

Desayunamos abundantemente: bollería, huevos, salami, jamón (por supuesto no eran de cerdo) y lo mejor eran unos boles de yogur natural o yogur con fresas que yo aderezaba con uvas o albaricoques en almíbar. Hacía el “desayuno del funcionario” que consiste en que dadas las escasas dietas, se busca alojamiento y desayuno, de esa manera el funcionario se pone hasta las trancas en el desayuno y así puede pasar el almuerzo con algo ligero (y barato) y se invierte la dieta en la cena. M. se ríe de mi pero él tenía hambre y yo no.

Ese día fue lluvioso y en primer lugar visitamos Santa Sofía. Primera sorpresa: ¡no quitaban los mosaicos cuando convertían las iglesias en mezquitas! Así que se podía seguir respirando el ambiente de la época bizantina. Las vistas de la nave desde las galerías superiores son asombrosas porque son las que hacen darte cuenta de la grandiosidad del edificio. Impresiona pasar por las puertas que antiguamente solamente podían utilizar los emperadores de Bizancio.

Cuando nos dirigíamos a la Mezquita Azul, justo enfrente, comenzó la oración, así que alteramos los planes y nos fuimos a la Cisterna. Una cisterna subterránea de la época romana que esta tenuemente iluminada, ambientada con música suave y con pececitos nadando en el agua.

Son asombrosas las bases de dos de las columnas: una cabeza de medusa que está invertida la una y de lado la otra.

Después fuimos al Gran Bazar y al Bazar de las Especias, estaba lloviendo y al fin y al cabo son espacios cubiertos. Comenzamos la búsqueda de los encargos que nos había hecho Drichal… el cinturón fue imposible de encontrar, y allí tenían de todas las clases, formas y colores; unas zapatillas de imitación que no nos ofrecían ninguna confianza, la verdad. Bueno, no convenía saturarse en el Gran Bazar el primer día.

Terminamos bastante cansados y marchamos al hotel a descansar. Antes de eso, subimos a la azotea a contemplar las vistas desde la piscina: el Cuerno de Oro, los jardines de Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul.

Un rato después salimos a cenar y volvimos pronto, porque estábamos MUY cansados.

martes, 4 de septiembre de 2007

De viaje (I)

El primer día de viaje fue un poco estresante. Decidimos ir en metro al aeropuerto: mi hermana se ofreció a llevarme, pero me pareció una putad* hacerle madrugar cuando aun le quedaban unos días de vacaciones, y había que estar a las 8:50 en la T4 de Barajas.

Cuando llegué a Nuevos Ministerios para coger el metro, llamé a M. a ver por dónde iba y estaba casi sin aliento, cogiendo un taxi en Conde de Casal porque se había estropeado la línea 6 de metro... el pobre llegó todo sudado.

Una vez en el aeropuerto, facturamos en Iberia y fuimos a tomarnos un café. Entre la compra de liras turcas, la toma del café y la compra de última hora en la farmacia se pasó mucho tiempo y teníamos que embarcar.

El avión salió con puntualidad y llegó con ¡30 minutos de adelanto! Sobrevolamos Grecia y se distinguían numerosos focos de los incendios, era impresionante. Una vez en Estambul trámites aduaneros, recogida de equipajes y la agencia nos llevó al hotel. El hotel estaba MUY BIEN. Cerca de Topkapi y de la estación de tren de Sirkeci (donde llegaba el Orient Express). Un hotel nuevo con un personal muy agradable.

Fuimos a dar una vuelta y quedé sobrecogido por la grandeza de Santa Sofia y de la Mezquita Azul, una frente a la otra. Dimos una vuelta por el Hipódromo con sus obeliscos, y la fuente del Kaiser.

Como estábamos cansados fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendó un amigo de M. dos días antes de ir. Como él nos dijo, pedimos ir a la terraza y... la vista era espectacular: se ve Santa Sofía, un trozo del mar de Mármara, la Mezquita Azul y ese día la luna llena. Desde luego, a quien vaya allí le recomendaré que cene en la "Omar Teras" (creo que se escribe así).

(La Mezquita Azul desde el Restaurante Omar)


La comida es buenísima y la vista es indescriptible. No conseguimos mesa junto a la ventana, pero fue suficiente: velas, buena comida, servicio amable, buen precio y la mejor compañía del mundo.

Después nos fuimos al hotel a descansar para empezar nuestra primera mañana en Estambul.

De vuelta.

Ya hemos vuelto del viaje a Estambul.


No puedo expresar con palabras cómo lo hemos pasado. Un viaje inolvidable, tanto por la ciudad como por la compañía. Despertar cada mañana con M. durante siete noches seguidas después de tanto tiempo ha sido revitalizante.