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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Catarros 2 - rickisimus 0

Bueno, este catarro (el segundo en un mes) se está resistiendo a abandonarme. Menos mal que el otro día me sentó muy bien la Toseína (sí, hay un jarabe que se llama así).

Llevo tres días sin parar en el trabajo. Mañana tenemos una reunión y nos (me) hemos dado cuenta de que la Administración hace ciertas cosas... en fin, que hay mucho que mejorar. A ver si me dejan.

El lunes quedé con M. al lado del trabajo. Fuimos a comprar el regalo de uno de los cumpleaños que celebramos este fin de semana. Fuimos a una joyería en la que conocen a M., porque trabajaba al lado, y le hicieron un buen descuento en un reloj.

Después fuimos a tomar un café y había un señor mayor al que debían haberle hecho una operación de laringe y hablaba con un aparato en la garganta. Fui un poco desconsiderado, pero me entró un risa floja, porque me recordaba a R2D2, menos mal que la cafetería era enorme y estábamos lejos de él. Como después le dije a M., "que no nos veamos así en unos años".

Al llegar a casa (bastante tarde) encontré a mi madre llorando. Estaba con un ataque de soledad: acababa de llegar a casa después de comprar algunas cosas y se la encontró vacía, así que fue consciente de su soledad. Sé que no es consuelo, pero le había comprado un regalito y se lo di en el momento, en lugar de reservarlo para más adelante. Era el disco de maría Dolores Pradera: "En buena compañía" (CD y DVD).

Ayer volví a casa pronto y le propuse salir a dar una vuelta al centro de Madrid. Se animó, llamó a mi hermana y nos fuimos los tres... ¡qué peligro! Al final me compraron una chaqueta y un abrigo, más bien un chaquetón tipo marinero. Así que ya tengo mis Reyes.

Hoy tuve fuerzas para llamar a la viuda del amigo de mi padre. Hoy justo se cumplía un mes de su muerte, pero hasta hoy no tuve fuerzas como para llamar y no llorar. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos, pero al final conseguí no llorar, al menos, que no me oyeran llorar, aunque lo hice.

El viernes nos vamos a la casa rural ¡¡¡por fin!!! Espero que sean unos días de relativo relax, porque lo necesito, y creo que las vacaciones deben ser eso: vacaciones. Al menos sé que vamos a tener bombones del Sampaka porque M. pensó (con buen criterio) que en lugar de tarta (complicado llevarla sin que se estropee) mejor unos bombones del Cacao Sampaka.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Ciertas cosas no tienen precio

Hay momentos en que haces algo que te pide el cuerpo o que te dicta tu conciencia y, sin valorar sus consecuencias, tienen más alcance de lo que esperabas. El famoso efecto mariposa.

Hoy recibí otro mail en contestación al que le envié a la maciza caribeña. Hay párrafos que es mejor transcribir:

“La computadora está en el piso de arriba y mi abuelo hacía como 1 año que no subía las escaleras, porque usa bastón, y todos le hicimos fiesta porque las subió para ver las fotos jeje... Al comienzo cuando le comenté que habías escrito no quiso que le leyera el mail (Aquí entre nos; es porque le daba pena llorar ante mi) Pero luego entre juegos le leí un poco de lo que me decías y le mostré las fotos…”

“…me pidió que le tomara unas fotos nuevas para enviártelas, realmente se emocionó mucho, y también me contó cómo fue la historia de amor de tus padres…”

“Fue muy lindo que mi abuelo me contara esta historia; a él le cuesta establecer largas conversaciones porque tuvo un accidente cerebro vascular hace 5 años, que le afecto la parte del lenguaje; sin embargo ¡me la contó con total fluidez!”

Así que sin pretenderlo, a este hombre se le ha dado una pequeña alegría contándole lo que les quería mi padre y lo que sigue queriéndoles mi madre a pesar de que no nos hayamos visto desde hace más de 30 años y vivan al otro lado del océano.

Hay ciertas cosas que no cuestan nada y que no tienen precio.

lunes, 20 de agosto de 2007

Día de sorpresas

Hoy fue un día de sorpresas.

Por una parte, uno de mis jefes (al que ya me he referido en otras ocasiones, el del queso y jamón) me agradeció los servicios prestados el pasado viernes. Me sorprendió que el viernes, me llamara para un trabajo para el que yo no estoy, en teoría. Pero me explicó que "le doy confianza en sí mismo". ¡Hoy me lo ha agradecido!

Por otra parte, el gran jefe suplente también me ha agradecido los servicios prestados el viernes, y para colmo me ha ¡pedido disculpas! por haberme puesto en un compromiso con el anterior por ciertos hechos que ocurrieron durante nuestra aventura del viernes.

En el trabajo más de lo mismo. Estoy hasta la p**** estos días. Necesito un cambio o unas vacaciones.

Por último, al mirar la cuenta de correo electrónico me encontré con un mail de la nieta del amigo de mi padre al que escribí hace unas semanas y que me llamó hace unos días. Como sus abuelos y el correo electrónico están peleados me escribe ella. Una verdadera belleza caribeña muy simpática (al menos en el mail) que me ha enviado fotos de la familia para que se las enseñe a mi madre y mi hermana, que son quienes más les conocieron, ya que se marcharon de España antes de que yo naciera.

He hecho lo propio y les he enviado unas fotos nuestras.

domingo, 12 de agosto de 2007

Una llamada

Esta tarde recibí una llamada.

Hace unas semanas escribí una entrada en la que contaba que había escrito una carta a un amigo de mi padre, un amigo de la juventud. Hoy me ha llamado. Estrictamente hablando me llamó su mujer porque me dijo que su marido está muy afectado y que estaba "bastante lloroso". Precisamente tres días antes de recibir mi carta habían estado viendo unas películas que habían rodado cuando vivían en España, a principios de los sesenta. Una películas cuando iban de excursión las dos familias...

Después de un rato de charla con su mujer, se puso el amigo de mi padre y... solamente me dijo "hola", no pudo más y escuché cómo lloraba. Tuve que sacar fuerzas de flaqueza y decir un par de tonterías, ya que ahora vivo cerca de donde ellos estudiaron de jóvenes.

Era una llamada que me sorprendió, me entristeció pero me dio mucha alegría recibirla. Produjo todos esos sentimientos. Me sorprendió porque no creía que fueran a hacer el sacrificio de una llamada telefónica que es bastante cara, cuando sé que ellos no están muy bien económicamente. Me entristeció porque era a consecuencia de la muerte de mi padre. Me alegró recibirla porque pude apreciar que aunque escribo bastante mal, creo que les supe transmitir el gran aprecio que les tenemos nosotros y que ese aprecio es, en gran medida, fruto de lo que nos contó mi padre.

Además creo que se alegraron porque vieron que no les teníamos olvidados, que si habíamos perdido el contacto era por habernos dedicado al cuidado de mi padre. Seguramente mi padre no quiso contarles cómo estaba y por eso no escribió ni llamó en mucho tiempo.

A mi también me alegró mucho poder hablar con ellos después de tantos años. En realidad casi ni les conozco en persona, porque vinieron por última vez cuando yo tenía unos 6 ó 7 años, pero de todo lo que escuché en casa sobre su vida a mis padres, me parece que les conozco de toda la vida.