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martes, 28 de abril de 2009

Soy un paleto

Mañana tengo que ir de nuevo al médico de cabecera al trámite de la baja. No sé si me dará el alta o no. Sinceramente ahora no me apetece, hace quince días sí, ahora no.

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Hemos hablado con Carlos por el messenger. Carlos es nuestro amigo en México, donde se fue a trabajar hace un par de años y a quien visitamos el verano pasado. Está bien, pero preocupado. La situación es complicada en México D.F. y el lunes no fue a trabajar.

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He descubierto que soy un paleto porque me mola la Bruni. Los de los programas del corazón/actualidad han estado diciendo que al fijarnos en la Bruni somos paletos. Pues no solo me he fijado, sino que además me ha molado. Está tremendamente espectacular.


Reconozco que además me pone Sarkozy. Me parece un tío atractivo a más no poder. Un seductor nato. Claro, que un día vi una foto de su padre y ¡ese sí que era atractivo!

Me parece guapísima y una buena vendedora de las cosas de su tierra.

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Como ayer estaba un poco depre me compré la primera temporada de "Los Tudor".


Ya vi el primer capítulo y es una serie muy entretenida, ya se sabe que esa época (la de Enrique VIII de Inglaterra) es mejor que un programa del corazón. Visto el primer capítulo, él y sus amigos se pasaban el día zumbándose a quien podían. (Pensándolo bien, tampoco han cambiado tanto las cosas.)

Por cierto, ¡¡¡qué interesante sale Enrique VIII!!!
Iniciando las conversaciones

Pero su amigo Charles Brandon está mejor. El actor se llama Henry Cavill y es un tío que está... en el primer capítulo sale en una escena zumbándose a una "lady" y ... enseña casi todo.
Este puede con dos

Vaya miradita



Además, debe ser de los pocos actores al que no depilan hasta el último folículo del pecho.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Decimosexto día: Querétaro - México D.F. - Atlanta - Madrid

El decimosexto día fue el del viaje de vuelta. Nos levantamos tempranísimo porque teníamos tres aviones que tomar. Llamamos a dos taxis que nos recogieron y pasé más miedo en el trayecto al aeropuerto que en los aviones que tomamos a continuación. Los taxistas iban conectados por emisora de radio y se avisaban de cuándo podían adelantar en una curva sin visibilidad de una vía de doble sentido...

Al llegar al aeropuerto me di cuenta de que había dejado mi teléfono en casa de Carlos y ya no me daba tiempo a volver para recogerlo así que... menos mal que Carlos volvía a las dos o tres semanas para la boda de su hermana.

El Querétaro - México D.F. lo hicimos en Aeromar, en un avión de hélices, para gozo de Charlotte, que odia volar. En el aeropuerto de México D.F. tuvimos que volver a facturar, pero esta vez hubo una empleada de Aeroméxico (que era la compañía que nos llevaba a Atlanta) que nos dijo que podíamos no recoger el equipaje en Atlanta y facturarlo directamente a Madrid, ya que Atlanta es uno de los pocos aeropuertos de Estados Unidos que tiene esa opción. Casi le dimos un beso.

El vuelo a Atlanta fue estupendo y al llegar allí tuvimos que pasar de nuevo los controles de aduanas: extenuante.

Esta vez, la escala en Atlanta fue más amable que la primera, y a todos les entró la fiebre de las compras, hasta tal punto que casi nos tienen que llamar para el embarque, ¡con cuatro horas de escala! También comimos en un Foster's una hamburguesa que nos supo a gloria bendita. Por cierto, vimos más tíos buenos en la escala en Atlanta que en los días que pasamos en México.

El vuelo Atlanta - Madrid no tuvo ningún retraso y llegamos puntuales a la T1, con lo que tardaron unos 15 ó 20 minutos en devolvernos las maletas. A la salida nos esperaban la hermana de M. y mi hermana, que ya habían entablado una animada conversación porque M. le había enviado a su hermana un mensaje describiéndole cómo es mi hermana...

sábado, 8 de noviembre de 2008

Decimoquinto día: Querétaro

El penúltimo día de nuestro viaje a México nos quedamos en Querétaro. M. se compró su maleta nueva atendidos por un dependiente que parecía sacado de una película ya que era bastante surrealista hablar con él. Yo me compré unos pantalones que costaron 21 euros y un candado (de los que puede abrir la TSA) que no duró ni un viaje ya que simplemente, desapareció.

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Centro Comercial Liverpool
(
Fuente)

Paseamos por el centro, fuimos al lugar donde fusilaron al emperador Maximiliano, estuvimos haciendo compras de última hora ("¡no tengo ningún recuerdo de Querétaro!" fue la frase más repetida), comimos muy bien chile en nogada y cenamos mucho mejor en un lugar maravilloso donde nos llevó Carlos.

Capilla del Cerro de las Campanas

Capilla del Cerro de las Campanas


Monumento a Benito Juárez

Monumento a Benito Juárez

Acueducto de Querétaro

Acueducto de Querétaro

Parque Central

Parque Central


Hicimos las maletas y a la cama, que al día siguiente teníamos que tomar un avión a las 6 de la mañana.

martes, 4 de noviembre de 2008

Decimocuarto día: Pátzcuaro - Morelia

Este día fue gracioso aunque hubo algo que se repitió respecto a otros: un desplazamiento largo para una visita corta.

Salimos pronto de Querétaro y tomamos la autopista hacia Morelia. Primera sorpresa es que hay carreteras en las que se paga peaje por ir en una vía de doble sentido, no en una autopista. Segunda sopresa, esta vez no hubo ciclistas en peregrinación sino una manifestación que cortó el tráfico. Como allí las autopistas tienen casas alrededor y la gente cruza caminando, había un tramo en el que hubo varios atropellos y cortaron la carretera para pedir un puente. Estuvimos como una hora y media allí parados, pero nos lo tomamos con filosofía.

Atasco camino de Pátzcuaro y Morelia

Llegamos a Pátzcuaro... rebobinemos. Yo tenía cierta fijación con Pátzcuaro: en el mes de febrero o marzo, en una de mis noches de insomnio, me fui a ver la TV para tratar de dormir, cosa que conseguí. A las cuatro de la mañana me desperté y en el canal que tenía puesto había un reportaje sobre una ciudad preciosa junto a un lago. Por casualidad me quedé con la esperanza de que fuera de México y... esa ciudad era Pátzcuaro. Al llegar a Querétaro me enteré de que está relativamente cerca de Querétaro y Carlos nos recomendó la visita Pátzcuaro - Morelia.

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La historia de Pátzcuaro no puede separarse de la historia de Vasco de Quiroga, un sacerdote nacido en Madrigal de las Altas Torres (Valladolid) en 1470. El presidente de la primera audiencia permitió que hubiera muchos abusos en la época de la conquista, hasta tal punto que llegó a oídos de las autoridades españolas y fue enviado allí un sacerdote de ¡61 años! como "oidor". Lo que hizo Vasco de Quiroga fue poner orden, proteger a los indios y crear escuelas de oficios, que parecen ser el origen de la artesanía de esa zona para darles independencia económica. Protegió de tal manera a los habitantes de la zona que se le llama desde entonces "Tata Vasco" y se ganó la enemistad de muchos colonos españoles, que abandonaron la ciudad. Parece que estuvo muy influido por la "Utopía" de Santo Tomás Moro. Se le aprecia tanto que tiene una estatua enorme en la plaza principal de Pátzcuaro.

La ciudad está junto a un lago en cuyo centro hay una isla que tiene una ciudad, Janitzio, que parece ser el lugar idóneo para visitar el día 1 de noviembre.

Hay unas fotos muy bonitas en esta dirección:
http://www.pbase.com/dserebrisky/patzcuaro

Después fuimos a Morelia, que es una de las ciudades más bonitas que hemos visto en el viaje. Encima nada más llegar vimos el baile de "Los viejitos", que es una parodia de los españoles que hicieron los indios hace varios siglos.

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Encontré un par de videos en youtube que no está mal:





En morelia también se recuerda a Vasco de Quiroga:
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Cada calle de Morelia tiene un sabor a antiguo pero no es como un teatro, sino que es una ciudad permanentemente vivida

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Yo me hubiera quedado una noche (tal y como nos sugería por teléfono Carlos), porque la ciudad invita a visitarla de día y de noche y además tiene unos restaurantes con un aspecto muy apetitoso, pero queríamos volver a Querétaro y con pena cogimos el coche. Por supuesto, tardamos un montón en salir de la ciudad (como siempre).

viernes, 24 de octubre de 2008

Decimotercer día: Guanajuato

Después de volver de la playa había que aprovechar para visitar algunas de las ciudades cercanas a Querétaro y que son maravillosas.

En primer lugar nos decidimos por Guanajuato. Carlos nos prestó su coche y fuimos los cuatro junto a Tania. Lo primero que nos encontramos ¡en la autopista! fue una peregrinación en bicicleta de cientos o miles de personas. Como es natural, uno de los carriles estaba ocupado por ellos y el tráfico iba muy lento.

Al llegar a Guanajuato momento de pánico: en una rotonda el coche se paró y se negó a arrancar. ¡Glup! Nos empujaron para quitarnos de en medio del tráfico y esperamos. Al cabo de un rato y a punto de llamar a la grúa, se me ocurrió pedir las llaves y... el coche arrancó. Creo que Tania sobrecalentó el coche en las cuestas de entrada a la ciudad usando marchas inadecuadas. Otra vez se volvió a parar en el párking y lo aparcamos usando la tracción animal. Desde entonces siempre fui el chófer.

La ciudad es preciosa. Está en un valle y las casas trepan hacia las alturas. ¡También hay calles subterráneas! Hay que tener en cuenta que esta era una ciudad minera.

Aquí s puede ver el Teatro Benito Juárez y el templo de San Diego.



Universidad de Guanajuato:

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Había muy buen ambiente por la ciudad y entramos en una tienda donde vendían dulces y "katrinas" preciosas. A pesar de animar a M. no quiso comprar ninguna.

Aquí se puede ver un monumento a benito Juárez, quien declaró a Guanajuato como capital en 1858.

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La ciudad está llena de monumentos a Cervantes y a El Quijote pues tiene mucha fama su festival cervantino. Lo que ha unido la lengua y la literatura que no lo separe el hombre.

A continuación está la plaza de la Paz, donde nos sentamos a comer.
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Por cierto, no quisimos ir a ver el museo de las momias...

En el viaje de vuelta me confundí, por supuesto, y dimos una vuelta enorrrrrrrme para volver a Querétaro. Encima habíamos quedado a cierta hora para que a M. para darle l indemnización por la rotura de su maleta, así que iba un poco agobiado. Al final llegamos bien, aunque en medio de una tormenta.

domingo, 19 de octubre de 2008

Duodécimo día: Playa del Carmen - México D.F. - Querétaro

El día que marchábamos de Playa del Carmen también teníamos cita con el urólogo en el Hospital. Mientras íbamos a la cita, Drichal se bañaba en el Caribe y subía un tono más su "morenez" y Charlotte se quedaba en la piscina para rematar bien la maleta.

Fauna del Hotel Riu Lupita


Adornos de la habitación del Hotel Riu Lupita

Adornos que dejan en las habitaciones hechos con toallas

Piscina del Hotel Riu Lupita

Piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines de la piscina del Hotel Riu Lupita

Delfines adornando la piscina del Hotel Riu Lupita

El médico confirmó el diagnóstico y le puso a M. una medicación sintomática hasta nuestra vuelta a Madrid.

Volvimos al hotel y disfrutamos de la piscina y el buffet antes de que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto ¡con tres horas de antelación! Daba un poco de rabia, pero por otro lado íbamos más seguros, por si los atascos en la autopista. En el aeropuerto Drichal y M. se probaron un sombrero maricahi, aunque a Drichal le pone nervioso.

Vuelo tranquilo a México D.F. y en el mismo aeropuerto tomamos el camión (autobús) a Querétaro. Impresiona que registren a los pasajeros y el equipaje como si fueras a subir en avión, pero pensándolo bien es la medida más adecuada.

Al llegar a Querétaro nos encontramos que estaba Carlos eperándonos junto a Tania, a quien no esperábamos ver allí. En medio de un diluvio nos llevaron a casa de Carlos y nos fuimos prontito a la cama.

lunes, 13 de octubre de 2008

Undécimo día: Playa del Carmen - Chichén Itzá

Nos levantamos muy temprano porque había que llevar a Carlos y Tania al aeropuerto de Cancún. Después Drichal cogió los mandos del coche y pusimos rumbo a Chichén Itzá. Nos quedaban unos 200 km de camino, así que tomamos la autopista y tratamos de disfrutar del camino y sus curiosidades.

Gasolinera camino a Chichén Itzá

Al llegar sacamos las entradas y de nuevo nos encontramos con multitud de vendedores por todas partes. Los caminos llenos a ambos lados, pero nada de eso puede empañar la grandeza del lugar.

Destaca "El Castillo" o "Pirámide de Kukulcán" (Kukulcán es el equivalente a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada), que tiene 55,5 m de base cuadrada y 24 metros de altura y está rematada por un templo. Sumando los escalones de la pirámide y el del templo la suma es de 365 escalones.

Chichén Itzá. Pirámide de Kukulcán.

En esta fotografía se puede apreciar mucho mejor, y sin recortes:



Las escaleras de acceso a la pirámide por el lado norte tienen en su parte inferior unas cabezas de serpiente. En los equinoccios (primavera y otoño) la sombra de la esquina de la pirámide se proyecta sobre la escalera y forma la imagen de una serpiente, que termina en esas inmensas cabezas y que hace el efecto de una serpiente que baja del templo superior a la tierra.

Escalera de la pirámide. Chichén Itzá.

He encontrado una foto que lo ilustra:


Y un video:



También hay un curioso efecto acústico que reproducen invariablemente todos los guías turísticos que hay allí: es un efecto acústico que llaman “la cola del Quetzal” y se produce al emitir un sonido impulsivo (sonido de corta duración pero de fuerte volumen como un aplauso)delante de la escalinata de la pirámide. Si se dan palmadas a unos 40 metros en la perpendicular de la escalinata se escucha un sonido agudo, un chirrido extraño, un sonido parecido al canto del quetzal, el pájaro sagrado de los Mayas. Aquí hay un video:



El calor es agobiante, y hay que ir bien provisto de agua. Tuvimos especial cuidado con M. por su reciente cólico nefrítico, pero ahí todo el mundo debe ir con las botellas de agua al hombro y cuando se terminan comprar en las tiendas.

Pero no hay que engañarse, si se va con la idea de que solamente existe la Pirámide, la sorpresa es mayúscula porque es un complejo con multitud de edificios y otras construciones.



El Templo de las Mil Columnas es impresionante, y junto a él está una imagen de Chac Mool sobre el Templo de los Guerreros. Esa estatua representa un hombre acostado, apoyado sobre sus codos y mirando a un lado, y sostiene una bandeja sobre la que se dejaba el corazón de los sacrificados.



Lo que se ve pequeñito sobre las columnas es la estatua del Chac Mool, que estaba por todas partes.

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Lamentablemente, no se puede subir ni a la Pirámide ni al Templo. Parece que hace unos años unos turistas murieron al caer desde la Pirámide y el Gobierno mexicano ha prohibido subir a ella, de momento. La verdad es que no me extraña, porque los turistas somos voraces destructores de monumentos.

Hay otra pequeña pirámide a la que llaman "El osario" o "Tumba del Gran Sacerdote":



Aquí hay un detalle de la escalinata:

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En comparación con Teotihuacán, la zona de Chichén Itzá tiene una decoración riquísima, donde abundan las calaveras y las cabezas de serpiente en todos los edificios.

Uno de los ejemplos es el Tzompantli, que en nauhátl significa "hilera de cráneos". Parece que clavaban los cráneos atravesándolos por las sienes sobre una empalizada en esta construcción.

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Detalle de la decoración:

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Otro de los lugares maravillosos es el juego de pelota

Chichén Itzá. Juego de pelota.

Chichén Itzá. Juego de pelota.

Otra construcción preciosa es lo que llaman "La Iglesia". Ese nombre viene de que es una edificación contigua a otra a la que pusieron "El convento".

Chichén Itzá. La Iglesia.

Por último no se puede dejar de poner una foto de "El Observatorio":

Chichén Itzá. El Observatorio.

Hay otros edificios: Templo de los Jaguares, etc, pero ya me parecían demasiadas fotos para una entrada.

Al volver empezamos el camino por la carretera convencional en lugar de la autopista, así que tardamos algo más. Fue una constante del viaje: ir por un camino y a la vuelta extraviarnos e ir por un camino más complicado. (Confieso que fui yo quien eligió el camino de vuelta).

Devolvimos el coche en el aeropuerto de Cancún, donde Carlos lo había alquilado y nos costó encontrar un taxi que nos llevase hasta Playa del Carmen, porque nos querían sacar un ojo de la cara...

A la vuelta había atasco porque habían matado a un jefe de policía y su escolta y había controles en la autopista, pero tampoco tardamos mucho.

lunes, 6 de octubre de 2008

Décimo día: Playa del Carmen

A M. le dieron el alta por la mañana. Preguntó si esa tarde podríamos ir a Chichén Itzá y la respuesta del médico fue "Híjole, ¡eso queda un poco lejos! Si le da otro cólico estando allá van a tardar mucho en venir. Mejor quédese tranquilo hoy".

Así que ese día lo dedicamos a sestear en la piscina y la playa.

Carlos y su amiga se marcharon y nos dejaron el coche que habían alquilado. Al día siguiente nos esperaba Chichén Itzá.


Mañana Chichén Itzá.

jueves, 2 de octubre de 2008

Noveno día: Playa del Carmen - Tulum y una aventura que salió bien

Aunque sea una entrada diferente no he terminado el día de la visita a Tulum. Ese fue un día duro: M. no se levantó bien, aunque tampoco estaba mal. Decía que tenía raro el estómago. Al terminar la visita a Tulum nos planteamos el quedarnos en alguna de las playas que había cerca o volver al hotel, pero M. prefirió volver al hotel.

A los cinco minutos de ir en el coche dijo “ya sé lo que tengo: un cólico nefrítico como lo tuve hace seis o siete años”. A los cinco minutos se retorcía de dolor en uno de los asientos del coche. Ahí se forjó una de las frases del viaje: “ay, Dios mío”.

Gracias a Dios el día anterior Carlos se había fijado en el hospital que había junto al hotel, que es de la cadena Hospiten, con varios hospitales en canarias y uno en Estepota. Además, me acordé de anotar en el móvil el número de asistencia 24 horas del seguro que llevábamos y el número de la póliza.

Así que llamé al seguro y le conté lo que nos pasaba. Me dijo que necesitaba entre 10 minutos y 1 hora para localizar un médico o un hospital al que acudir y que como estábamos a una media hora, que tenía cierto margen. Me advirtió que si al llegar al hotel no me había devuelto la llamada, nos dirigiéramos al hospital que nos recomendaran en recepción. Allí nos recomendaron ese hospital y allí fuimos.

M. se apoyó en el mostrador de recepción y dijo lo que tenía y que necesitaba una buscapina. La recepcionista nos dijo que “hasta que no pongan una fianza de 1000 dólares, no le puedo dejar pasar por esa puerta”. Eso impresiona mucho cuando vienes de un país donde primero se atiende y después se pregunta. El único que llevaba tarjeta era M. y se la cogimos. Creo que ni se enteró.

Cuando estábamos ya dentro de los boxes (pasé yo con M.) llamó el seguro y me dijo que nos enviaba un médico al hotel, como ya estábamos en el hospital me advirtió varias veces “no te preocupes, que ahora envío un fax y os descongelan la fianza que os hayan pedido”. Dicho y hecho, a los cinco minutos estaba devuelta, y mientras le fue haciendo efecto el analgésico a M. y … se puso muuuuuuuuucho mejor. Como le hicieron toda clase de pruebas, le dijeron que debía quedarse esa noche ingresado para hidratarle y ver si conseguía expulsar la piedra que le habían visto. Era pequeña y no le faltaba mucho para salir.

Esa noche se quedó y mejoró muchísimo. Cada vez que hacía pis una enfermera lo filtraba para ver si expulsaba algo. Al día siguiente le dieron el alta. Como faltaban un par de días para nuestra marcha, le pidieron una consulta externa con el urólogo. Los del seguro llamaron un par de veces para preguntar como estaba incluso un par de días antes de volver a España (una semana después del incidente) y le dijeron que si el médico le ponía un tratamiento por el que debía prolongar la estancia, que se quedase, ya que estaba cubierto por el seguro y le pagaban un avión de vuelta si perdía el que le correspondía.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Noveno día: Playa del Carmen - Tulum

Ese día fue el de la primera excursión: Tulum. Carlos había alquilado un coche y decidimos ir a Tulum, que está a unos 50 km al sur de Playa del Carmen.

La atracción son unas ruinas que están junto al mar. El contraste entre los colores del mar, las ruinas y la vegetación es fantástico.

Tulum y el Caribe

Es un complejo de ruinas bastante compacto, pero por el calor y la humedad no es fácil recorrerlo. Hay que ir siempre con agua para beber a menudo.

Tulum

Junto al monumento principal ("El Castillo") hay una escalera que baja a una pequeña playa de arena blanca donde pasamos un buen rato. Allí vimos al hombre 9,99, al que M. hizo una foto junto a Drichal.

El hombre 9,99 en Tulum

A Charlotte no le gustan tan "perfectos".

El hombre 9,99 en Tulum se quitó la gorra

El lugar estaba lleno de iguanas que campaban a sus anchas por todas partes, inclusopor la playa.

Iguanas en Tulum

Al salir del complejo M. no se sentía del todo bien, así que en lugar de quedarnos en una de las playas cercanas decidimos volver al hotel y disfrutar de su playita. Bendita la hora: a los cinco minutos de emprender la vuelta M. se dio cuenta de lo que le pasaba: estaba comenzando a tener un cólico nefrítico.