El sábado estuvimos con los amigos de
M. Fue una verdadera terapia de grupo donde estuvimos contando nuestras penas: Charlotte contó que llora por culpa del agobio de trabajo, involucrada en un proyecto importante; Mari no contó mucho pero se le notaba en la cara la preocupación por su madre;
Marilú con el susto de salud;
Juan aunque no lo diga está con cara de circunstancias porque su madre ha escogido ir a una residencia hace unos días; JM con mucho trabajo, que incluyó quedarse atrapado en Gerona por culpa de la nieve.
Estuvimos hablando sobre las vacaciones y ya le dije a
M.: este año no tengo fuerzas de planificar nada. Estoy agotado física y mentalmente. Creo que necesito una desconexión del mundo.
Se rieron de mi porque me gustan comedias de las hechas para no pensar. Charlotte estaba devolviéndole a
M. la película "Diario de una compradora compulsiva" con la que nos reímos muchísimo el fin de semana pasado. (Me reí yo más que
M.)

Quise ir a ver "Historias de San Valentín" y tampoco me dejaron... Lo siento, voy al cine a divertirme, no a sufrir.
La verdad es que si no fuera por
M. ya estaría llorando por las esquinas.
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El lunes fui a que me hicieran los análisis de sangre y orina. Como siempre que se hacen en el Hospital, tenía el número 513, y eso que llegué a las 8:10 de la mañana.
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El martes llamé a ver si tenían el coche reparado ya que me habían prometido que lo tendrían a lo largo del día. Pues me dieron la gran sorpresa: no lo tendrían hasta el 5 de abril, y eso que había estado programado para el 8 de abril. Me quedé patitieso: me quedo sin coche en la Semana Santa. Estaba que fumaba en pipa...

Encima no voy a poder llevar el coche al viaje que tenemos proyectado el viernes a cierta ciudad castellana.
Se admiten sugerencias culturales y gastronómicas.-----------------------------------------------------------------------------
Hoy tuve que dar dos clases de cursos que se imparten en el trabajo. Lo malo es que uno de ellos era fuera del edificio y tuve que correr como un poseso para llegar a la segunda. Hoy he vuelto a gritar en el trabajo.
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Me encanta la ley del embudo de estos rectorcillos de todo a cien: cuando
agreden a otros es una manifestación de la libertad de expresión, pero cuando
agreden al rectorcillo es un crimen de lesa majestad. Estos politiquillos que dan clase en la universidad y llegan a rectores huelen a fascismo barato y casposo.