¡Qué haría yo sin M.!
No me apetece estar de celebraciones, para qué vamos a engañarnos. Pero él se ha encargado de todo y ayer celebramos mi cumple. Es im-presionante, como diría el famoso pensador. Además he recibido regalos como si fueran los Reyes Magos. Unos pantalones vaqueros Ck, un reloj, una camiseta de Breaking Bad ("los pollos hermanos"), un fantástico libro-disco de la Callas (que estoy escuchando mientras escribo estas líneas), un libro de recetas (a ver si hago algo mejor que una tortilla francesa). Así que estoy abrumado.
La semana fue intensa de trabajo, incluida una sorpresa final que motivó un pequeño "encuentro" con la prensa que después se tradujo en una de esas noticias con frase "... fuentes de toda solvencia desmintieron que...". A mi no me examinaron para esto en las oposiciones.
Fui al médico a por mis medicinas para la alergia y solamente le faltó decirme que yo tenía "suerte" porque él está cuidando de su madre y de un tío... así que ajo y agua.
Tengo un viaje a Estambul dentro de unas semanas y bien sabe Dios que solamente he aceptado por lo que pagan por ser conferenciante experto, porque si no, iba a ir Rita la cantaora. Eso sí, si hubiera sabido lo que pagaban, a lo mejor había luchado más por ir...
También tengo la posibilidad de ir unos días a Las Palmas, pero ahí de vulgar currinchi, no de conferenciante de postín. Pero si ponen la reunión en una fecha adecuada, me quedaría un fin de semana en la playa, por supuesto. Eso si no operan a la madre de M. o hay un concierto por medio de su amado Morrissey.
Tengo que terminar de poner unos exámenes...
sábado, 31 de mayo de 2014
domingo, 25 de mayo de 2014
Casi un mes
Casi un mes sin escribir. La verdad: una desgana absoluta. No sé si necesito unas vacaciones, unas vitaminas o un psiquiatra.
Me siento culpable: no aguanto a mi madre. Y eso me hace sentir culpable. Muy culpable. Algún día la echaré de menos, pero ahora no la aguanto. He llegado a la conclusión de que a la señora que le hace compañía desde que volvió del hospital en septiembre no se le paga por cuidarla, sino por aguantarla.
A veces no sé si soy yo quien está "sensible" a cualquier movimiento que haga o a cualquier cosa que diga, por eso no sé si necesito un psiquiatra.
Le he pedido que me deje por las mañanas un poco tranquilo y... no me hace caso. ¿Qué medida he tomado? Levantarme antes. Así que estoy hecho polvo, con un cansancio infinito. Algunos días podría haber vuelto antes a casa, y no lo hago por no aguantarla. Su capacidad comunicativa me supera: habla, habla, habla y habla sin parar y eso me atonta.
Algún sábado que estaba especialmente cansado, por ejemplo ayer, conseguí echarme un rato... apareció en mi habitación para ver si me había marchado.
Hoy me ha comprado por mi cumpleaños una chaqueta. Le advertí antes de que se marchase que no necesitaba una chaqueta y que no me aptecía una chaqueta, como quien oye llover. Me la he probado en casa y no me gusta. Ahora dudo de si no me gusta porque el color es un verde militar que no me pega, si hace unas arrugas raras en la pechera o es porque me la ha comprado cuando le indiqué expresamente que no lo hiciera, tanto a ella como a mi hermana, que fue quien la acompañó a El Corte Inglés.
La atenci´n que necesita después de la operación es muy pequeña, y vuelve a su ser habitual. Y ese ser habitual me vuelve a poner histérico.
He llegado a pensar que uno de mis grandes errores fue volver a casa a mi vuelta a Madrid hace ocho años.
Por otra parte, pienso que si ahora no aguanto a mi madre, ¿qué pasará cuando viva con M.? ¿Llegaré a no aguantarle de la misma manera? ¿Estaré harto igualmente? ¿Me haré el remolón en el trabajo para no volver a casa? ¿Se merece eso? NO.
Me ha surgido un posible viaje de trabajo a Turquía muy bien pagado. Como ya conozco Estambul, acepté por el dinero. Ahora ni siquiera me apetece ir por la pasta.
He probado vitaminas (Leotrón sube los ánimos), he probado deporte (no voy a la piscina tanto como quisiera, pero voy), y nada. ¿Seré yo? ¿Habré heredado la vena loca de la familia? Tengo náuseas. También ganas de llorar, incluso en la oficina y me da igual todo lo que ocurre en el mundo.
Ya solté la mierda que llevo dentro. No sé si sólo servirá para arrepentirme. Pero hecho está.
Me siento culpable: no aguanto a mi madre. Y eso me hace sentir culpable. Muy culpable. Algún día la echaré de menos, pero ahora no la aguanto. He llegado a la conclusión de que a la señora que le hace compañía desde que volvió del hospital en septiembre no se le paga por cuidarla, sino por aguantarla.
A veces no sé si soy yo quien está "sensible" a cualquier movimiento que haga o a cualquier cosa que diga, por eso no sé si necesito un psiquiatra.
Le he pedido que me deje por las mañanas un poco tranquilo y... no me hace caso. ¿Qué medida he tomado? Levantarme antes. Así que estoy hecho polvo, con un cansancio infinito. Algunos días podría haber vuelto antes a casa, y no lo hago por no aguantarla. Su capacidad comunicativa me supera: habla, habla, habla y habla sin parar y eso me atonta.
Algún sábado que estaba especialmente cansado, por ejemplo ayer, conseguí echarme un rato... apareció en mi habitación para ver si me había marchado.
Hoy me ha comprado por mi cumpleaños una chaqueta. Le advertí antes de que se marchase que no necesitaba una chaqueta y que no me aptecía una chaqueta, como quien oye llover. Me la he probado en casa y no me gusta. Ahora dudo de si no me gusta porque el color es un verde militar que no me pega, si hace unas arrugas raras en la pechera o es porque me la ha comprado cuando le indiqué expresamente que no lo hiciera, tanto a ella como a mi hermana, que fue quien la acompañó a El Corte Inglés.
La atenci´n que necesita después de la operación es muy pequeña, y vuelve a su ser habitual. Y ese ser habitual me vuelve a poner histérico.
He llegado a pensar que uno de mis grandes errores fue volver a casa a mi vuelta a Madrid hace ocho años.
Por otra parte, pienso que si ahora no aguanto a mi madre, ¿qué pasará cuando viva con M.? ¿Llegaré a no aguantarle de la misma manera? ¿Estaré harto igualmente? ¿Me haré el remolón en el trabajo para no volver a casa? ¿Se merece eso? NO.
Me ha surgido un posible viaje de trabajo a Turquía muy bien pagado. Como ya conozco Estambul, acepté por el dinero. Ahora ni siquiera me apetece ir por la pasta.
He probado vitaminas (Leotrón sube los ánimos), he probado deporte (no voy a la piscina tanto como quisiera, pero voy), y nada. ¿Seré yo? ¿Habré heredado la vena loca de la familia? Tengo náuseas. También ganas de llorar, incluso en la oficina y me da igual todo lo que ocurre en el mundo.
Ya solté la mierda que llevo dentro. No sé si sólo servirá para arrepentirme. Pero hecho está.
jueves, 1 de mayo de 2014
Perezorra
Tengo una perezorra, es decir, una gran pereza, que me tiene hoy medio atontado en casa. No me apetece hacer NADA, más que dormitar, aunque no dormir.
Después de Semana Santa mucho trabajo, encima mi jefe ha estado de baja, así que estaba yo sólo para el trabajo que normalmente hacemos dos. Eso me ha permitido enterarme de alguna "interioridad", como el error cometido por uno de mis compañeros. Un error del tamaño de la Torre Eiffel, que llegó muy lejos. Y todo fue porque mi compañero, un venerable ingeniero "de los de antes", hizo unas cuentas a mano, porque no sabe echarlas de otra manera. No me sorprendió, porque le quedan dos telediarios para jubilarse, y no querrá aprender algo que no va a usar. Bueno, quizá lo que no quiera es pedir ayuda para algo tan "simple".
Me tocó volver a viajar para dar una pequeña conferencia. No tuvo tanta repercusión como la de primeros de abril porque era prácticamente la misma, así que fue ir a dar una vuelta y poco más.
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Hace una semana compramos los billetes para el verano. Al final nos iremos unos días a la Costa Azul en agosto. Ahora mismo me tumbaría en la playa, si la tuviera cerca y dormitaría todo el día.
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Vimos una película curiosa con Toni Colette. El comienzo es brillante.
No puedo hablar mucho más porque la vimos en viernes y me quedé completamente sopa. Una sorpresa: Anthony LaPaglia es australiano.
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Mañana comemos M. y yo con uno de mis amigos para que nos aconseje rutas por la Costa Azul y la Provenza: su mujer se crió allí y sus suegros y cuñados siguen viviendo por la zona, así que creo que estaremos bien aconsejados. Nuestra amiga Charlotte, que se viene también, quería ver los campos de lavanda, pero creo que agosto ya no es época.
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Esta semana tocó visita de control al urólogo con mi madre y parece que va mejor. Ha reducido el número de sondajes diarios y la dosis de antibiótico, así que su ánimo ha mejorado sensiblemente.
Empecé a hacer más metros en la piscina: ahora 1 500, y se nota. Las piernas por la noche las tengo destrozadas, pero es un destrozo que me gusta. Yo necesito más color en mi vida, pero no me apetece ir de compras.
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Ahora habrá que descubrir nuevas series, porque las que estábamos viendo van acabando: House of Cards, Breaking Bad, etc (yo todavía no las he terminado, pero M. sí).
Después de Semana Santa mucho trabajo, encima mi jefe ha estado de baja, así que estaba yo sólo para el trabajo que normalmente hacemos dos. Eso me ha permitido enterarme de alguna "interioridad", como el error cometido por uno de mis compañeros. Un error del tamaño de la Torre Eiffel, que llegó muy lejos. Y todo fue porque mi compañero, un venerable ingeniero "de los de antes", hizo unas cuentas a mano, porque no sabe echarlas de otra manera. No me sorprendió, porque le quedan dos telediarios para jubilarse, y no querrá aprender algo que no va a usar. Bueno, quizá lo que no quiera es pedir ayuda para algo tan "simple".
Me tocó volver a viajar para dar una pequeña conferencia. No tuvo tanta repercusión como la de primeros de abril porque era prácticamente la misma, así que fue ir a dar una vuelta y poco más.
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Hace una semana compramos los billetes para el verano. Al final nos iremos unos días a la Costa Azul en agosto. Ahora mismo me tumbaría en la playa, si la tuviera cerca y dormitaría todo el día.
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Vimos una película curiosa con Toni Colette. El comienzo es brillante.
No puedo hablar mucho más porque la vimos en viernes y me quedé completamente sopa. Una sorpresa: Anthony LaPaglia es australiano.
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Mañana comemos M. y yo con uno de mis amigos para que nos aconseje rutas por la Costa Azul y la Provenza: su mujer se crió allí y sus suegros y cuñados siguen viviendo por la zona, así que creo que estaremos bien aconsejados. Nuestra amiga Charlotte, que se viene también, quería ver los campos de lavanda, pero creo que agosto ya no es época.
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Esta semana tocó visita de control al urólogo con mi madre y parece que va mejor. Ha reducido el número de sondajes diarios y la dosis de antibiótico, así que su ánimo ha mejorado sensiblemente.
Empecé a hacer más metros en la piscina: ahora 1 500, y se nota. Las piernas por la noche las tengo destrozadas, pero es un destrozo que me gusta. Yo necesito más color en mi vida, pero no me apetece ir de compras.
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Ahora habrá que descubrir nuevas series, porque las que estábamos viendo van acabando: House of Cards, Breaking Bad, etc (yo todavía no las he terminado, pero M. sí).
domingo, 20 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
Compañía en la soledad
Leí "Cien Años de Soledad" a los catorce. Tomé con cierta reverencia ese tomo que pensé que no iba a aguantar, porque ya se sabe que cuando te alaban tanto algo, resulta ser un coñazo.
Empecé: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo."
Y continué y continué absolutamente facsinado por una historia donde daba por ciertos hechos que eran claramente fantasía, pero eran fantasías donde lo imposible se transformaba en cotidiano, como aquel cura que levitaba gracias al viejo truco de tomar una taza de chocolate.
Recuerdo no poder despegarme del libro en dos días y sentir palpitaciones cuando estaba llegando a las últimas páginas. Recuerdo que en las dos últimas páginas no sentía sólo palpitaciones, sino que me dolía el estómago, veía que terminaba y no quería que terminase.
Pero el libro terminó. "Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismo) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra."
Resoplé, respiré, seguía con las palpitaciones y el dolos en el estómago. Estaba confuso, anonadado, desbordado. Me sentía como si me hubieran transmitido un gran secreto y sentía como si me hubieran revelado una maldición de todos los hombres, o al menos, a mi, en aquel momento, mi secreto: no tenemos una segunda oportunidad sobre la tierra.
Había un segundo secreto: aquel era mi libro. Aquel que nos marca.
Volví varias veces a releerlo, siempre con miedo de que no me gustara. Temor infundado, siempre me gustó, aunque nunca más volví a sentir aquella angustia.
Revisité muchas otras historias. No aguanté "El Otoño del Patriarca", pero leí, devoré, fascinado "El Coronel no tiene quien le escriba", "Crónica de una muerte anunciada" y algunos más.
Años más tarde me regalaron mis amigos "Vivir para contarla", el primer tomo de su autobiografía. El relato del viaje con su madre a liquidar una herencia es un resumen de "Cien años de soledad", especialmente. Para mi, esas cincuenta páginas son las mejor escritas en español en muchos años. Además, me enseñó que la vida no es cómo uno la vive, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
Siempre encontraremos compañía entre tanta soledad, esa compañía está en unos libros escritos por un hombre de un pequeño pueblo colombiano.
Empecé: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo."
Y continué y continué absolutamente facsinado por una historia donde daba por ciertos hechos que eran claramente fantasía, pero eran fantasías donde lo imposible se transformaba en cotidiano, como aquel cura que levitaba gracias al viejo truco de tomar una taza de chocolate.
Recuerdo no poder despegarme del libro en dos días y sentir palpitaciones cuando estaba llegando a las últimas páginas. Recuerdo que en las dos últimas páginas no sentía sólo palpitaciones, sino que me dolía el estómago, veía que terminaba y no quería que terminase.
Pero el libro terminó. "Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismo) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra."
Resoplé, respiré, seguía con las palpitaciones y el dolos en el estómago. Estaba confuso, anonadado, desbordado. Me sentía como si me hubieran transmitido un gran secreto y sentía como si me hubieran revelado una maldición de todos los hombres, o al menos, a mi, en aquel momento, mi secreto: no tenemos una segunda oportunidad sobre la tierra.
Había un segundo secreto: aquel era mi libro. Aquel que nos marca.
Volví varias veces a releerlo, siempre con miedo de que no me gustara. Temor infundado, siempre me gustó, aunque nunca más volví a sentir aquella angustia.
Revisité muchas otras historias. No aguanté "El Otoño del Patriarca", pero leí, devoré, fascinado "El Coronel no tiene quien le escriba", "Crónica de una muerte anunciada" y algunos más.
Años más tarde me regalaron mis amigos "Vivir para contarla", el primer tomo de su autobiografía. El relato del viaje con su madre a liquidar una herencia es un resumen de "Cien años de soledad", especialmente. Para mi, esas cincuenta páginas son las mejor escritas en español en muchos años. Además, me enseñó que la vida no es cómo uno la vive, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
Siempre encontraremos compañía entre tanta soledad, esa compañía está en unos libros escritos por un hombre de un pequeño pueblo colombiano.
lunes, 14 de abril de 2014
Irritable, de series y canonizaciones civiles
Llevamos semanas viviendo la canonización civil de Adolfo Suárez. No me parece mal hacer esta ceremonia de enterramiento con los jefes de gobierno, tal y como se hace en otros países. Seguramente se merece un análisis serio y pausado sobre lo que hizo y lo que no hizo. Sobre sus aciertos y sus errores. En cualquier caso, hay que dejar claro que tenía más categoría que los políticos de hoy.
Y hay que recordar que hizo algo inédito en España: dimitir. Creo que por eso no les gustaba mucho a otros políticos, porque les recordaba, que existe la palabra dimitir y que se puede poner en práctica. De todas formas, hay cosas que nadie le podrá quitar nunca: esta foto.
Ante tanto cariño recuerdo aquellas palabras del propio Suárez hace muchos años: "queredme menos y votadme más".
Cuentan que cuando el Rey le fue a dar el Toisón de Oro a su casa, le preguntó a su hijo quién era y le dijo "este vendrá a pedir dinero". Seguramente, en sus años en diferentes cargos siempre le pedían cosas, especialmente dinero, y se le quedó en la mente que todo el mundo iba a pedirle dinero. Me hace gracia la anécdota porque yo soy un oscuro funcionario y a mi me están pidiendo cosas continuamente, y mi reciente viaje no fue una excepción. Se me acercaban muchos a pedir cosas: documentación, entrevistas, influencia, ...
La ventaja de trabajar en el centro de Madrid es que me dio la oportunidad de ver la peregrinación al Congreso de los Diputados y doy fe que la fila de personas esperando para entrar era larguísima. También me permitió ver parte de la ceremonia en directo ausentándome solamente veinte minutos.
He de reconocer que ha habido algo que me ha gustado mucho: que eligiera como lugar de enterramiento la Catedral de Ávila. Eso de que el entierro sea en una Catedral de una "recia" capital castellana, después de lo olvidada que ha estado, me parece positivo. Me gustaría saber de aquí a un año cómo evoluciona el turismo español en Ávila y saber si se incrementa el número de visitantes de la Catedral.
Eso sí, a mi parecer fallos estéticos hubo muchos. Por ejemplo: ¿no hubiera merecido la ocasión la presencia de los maceros? ¿No se podía haber evitado el uniforme de los policías municipales? Eso de llevar a un tío vestido de sota de bastos, con una maza en la mano, queda muy solemne. Se ve que no estamos acostumbrados a organizar estos eventos pero salió bastante bien, para tener tan poca práctica. (Releo el comentario y ha quedado muy de estereotipo gay, pero ahí lo dejo).
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Le compré a mi madre el libro de Pilar Urbano, "La gran desmemoria". No soy muy amigo de comprar un libro como este, pero adivinaba los pensamientos de mi madre: quería el libro. El día que lo traje solamente le faltó bailar.
Hoy uno de los Subdirectores del trabajo me ha dicho que lo ha leído (cosa que me ha sorprendido en un hombre formado como él al que no le pega comprar este tipo de libros), le ha gustado y que ha confirmado sus sospechas: somos unos monigotes en manos de cuatro gatos, y esos gatos, nos toman el pelo continuamente.
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Otra de las series que hemos visto y que se me olvidó comentar en la entrada pasada es "Looking" . Allí he descubierto a un feo-guapo o un feo-atractivo. Me encanta cómo habla inglés y eso que ese acento que tiene me suele resultar bastante repulsivo.
He de decir que los dos primeros capítulos no me gustaron mucho. Es más, el primer capítulo no me gustó NADA. Luego le fui cogiendo gustillo a la historia. Además, hay un capítulo que me pareció muy romántico pero no empalagoso, sino bonito de verdad.
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Pues sí, vuelvo a estar irritable y desanimado. Los mejores momentos: los que paso con M.
En el trabajo he tenido dos semanas a mi jefe de viaje por países lejanos y me quedé como encargado del chiringuito. Creo que salí airoso de la prueba, eso sí, supone mucho esfuerzo.
A mi madre le encanta chinchar a la gente y ayer no me resistí a decirle que mi padre era un santo, que yo soy menos santo y por eso me rebelo, pero que tenga cuidado y no pinche a todo el mundo, porque cualquier día le dan un parón como el que me pide el cuerpo, a veces. No soy un buen hijo.
Y hay que recordar que hizo algo inédito en España: dimitir. Creo que por eso no les gustaba mucho a otros políticos, porque les recordaba, que existe la palabra dimitir y que se puede poner en práctica. De todas formas, hay cosas que nadie le podrá quitar nunca: esta foto.
Ante tanto cariño recuerdo aquellas palabras del propio Suárez hace muchos años: "queredme menos y votadme más".
Cuentan que cuando el Rey le fue a dar el Toisón de Oro a su casa, le preguntó a su hijo quién era y le dijo "este vendrá a pedir dinero". Seguramente, en sus años en diferentes cargos siempre le pedían cosas, especialmente dinero, y se le quedó en la mente que todo el mundo iba a pedirle dinero. Me hace gracia la anécdota porque yo soy un oscuro funcionario y a mi me están pidiendo cosas continuamente, y mi reciente viaje no fue una excepción. Se me acercaban muchos a pedir cosas: documentación, entrevistas, influencia, ...
La ventaja de trabajar en el centro de Madrid es que me dio la oportunidad de ver la peregrinación al Congreso de los Diputados y doy fe que la fila de personas esperando para entrar era larguísima. También me permitió ver parte de la ceremonia en directo ausentándome solamente veinte minutos.
He de reconocer que ha habido algo que me ha gustado mucho: que eligiera como lugar de enterramiento la Catedral de Ávila. Eso de que el entierro sea en una Catedral de una "recia" capital castellana, después de lo olvidada que ha estado, me parece positivo. Me gustaría saber de aquí a un año cómo evoluciona el turismo español en Ávila y saber si se incrementa el número de visitantes de la Catedral.
Eso sí, a mi parecer fallos estéticos hubo muchos. Por ejemplo: ¿no hubiera merecido la ocasión la presencia de los maceros? ¿No se podía haber evitado el uniforme de los policías municipales? Eso de llevar a un tío vestido de sota de bastos, con una maza en la mano, queda muy solemne. Se ve que no estamos acostumbrados a organizar estos eventos pero salió bastante bien, para tener tan poca práctica. (Releo el comentario y ha quedado muy de estereotipo gay, pero ahí lo dejo).
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Le compré a mi madre el libro de Pilar Urbano, "La gran desmemoria". No soy muy amigo de comprar un libro como este, pero adivinaba los pensamientos de mi madre: quería el libro. El día que lo traje solamente le faltó bailar.
Hoy uno de los Subdirectores del trabajo me ha dicho que lo ha leído (cosa que me ha sorprendido en un hombre formado como él al que no le pega comprar este tipo de libros), le ha gustado y que ha confirmado sus sospechas: somos unos monigotes en manos de cuatro gatos, y esos gatos, nos toman el pelo continuamente.
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Otra de las series que hemos visto y que se me olvidó comentar en la entrada pasada es "Looking" . Allí he descubierto a un feo-guapo o un feo-atractivo. Me encanta cómo habla inglés y eso que ese acento que tiene me suele resultar bastante repulsivo.
He de decir que los dos primeros capítulos no me gustaron mucho. Es más, el primer capítulo no me gustó NADA. Luego le fui cogiendo gustillo a la historia. Además, hay un capítulo que me pareció muy romántico pero no empalagoso, sino bonito de verdad.
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Pues sí, vuelvo a estar irritable y desanimado. Los mejores momentos: los que paso con M.
En el trabajo he tenido dos semanas a mi jefe de viaje por países lejanos y me quedé como encargado del chiringuito. Creo que salí airoso de la prueba, eso sí, supone mucho esfuerzo.
A mi madre le encanta chinchar a la gente y ayer no me resistí a decirle que mi padre era un santo, que yo soy menos santo y por eso me rebelo, pero que tenga cuidado y no pinche a todo el mundo, porque cualquier día le dan un parón como el que me pide el cuerpo, a veces. No soy un buen hijo.
sábado, 12 de abril de 2014
I will survive
Estoy en ello. La música que fue banda sonora de mi niñez, con un radiocasette comprado en Canarias trata de mantenerme a flote.
En verdad, en verdad pienso que nuestro gobierno se ha concentrado en cagarla continuamente y para ello ha juntado a sus mentes más cochambrosas. Mi ligerísimo, episódico, contacto con alguna semi-alta esfera no hace sino confirmar que al menos este gobierno nada en la más absoluta de las inanidades. Es como un bombero que va apagando fuegos, pero que no sabe dónde va, como una gallina sin cabeza.
Lo peor es que las oposiciones no le van a la zaga, y parece que compiten por cagarla todavía más que el gobierno.
Hace unos días me tocó dar una charla en Barcelona. Sin pretenderlo, era la estrella invitada. Una reunión que, en principio, no era destacada se llenó hasta la bandera y ante otros invitados de relumbrón, resultó que las palabras más esperadas eran las mías. No es la primera vez que me llevan a una reunión como víctima propiciatoria: si sale mal me llevo los tomatazos, si sale bien, las medallas se las llevan otros.
Pude rechazar el encargo, pero pensé que si lo rechazaba porque era difícil, me estaba dejando llevar por el conformismo, por la comodidad. Como dijo en su día ese gran pensador, El Cordobés, "Esta noche te compraré una casa... o llevarás luto por mí": así preparé la reunión, expuse las novedades de la mejor manera posible y no me tiraron tomates. De hecho parece que gustó bastante tanto la exposición como el contenido.
Ahí seguí la frase del hombre de moda (Suárez): "La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti." Esta vez salió bien.
Lo mejor de todo: una noche salí con los amigos de Barcelona y disfrutamos una buena cena y mucha mejor compañía. La noche siguiente tuve cena de compromiso y la verdad es que también disfruté muchísimo: la cena fue en un rastaurante vasco espectacular y no faltó detalle. Me habían hablado muy bien de nuestro anfitrión y la verdad es que no defraudó, tanto en lo culinario como en lo personal.
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Llevé el coche la taller: mil euracos. La verdad es que ha salido malo de coj*nes porque ya a mi padre le tocó hacer alguna reparación costosa. Ahora no estaba para cambios de coche y por eso acepté, pero si vuelve a tener una avería cuantiosa, me lo pensaré muy mucho. Ya tiene 12 años pero solamente 100.000 km. A las dos semanas, otra vez al taller por algo "menor": 60 euros.
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Estamos devorando los capítulos de Breaking Bad y ya estamos en la quinta temporada. Vamos relativamente lentos porque los vemos juntos M. y yo. Estamos enganchadísimos.
También vemos "House of cards", que me parece maravillosa, aunque el hecho de que Kevin Spacey hable a la cámara a veces resulta antinatural.
Ayer vimos la película de Pierce Brosnan, "Mejor otro día". Digamos que me pareció algo decepcionante. Quizá yo esperaba algo más de comedia.
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Mi madre va mejorando muyyyyy lentamente. Pero a veces se pone bastante pesada con determinadas cuestiones y con cierta dependencia de mi hermana y de mi, pero yo soy quien vive con ella.
En verdad, en verdad pienso que nuestro gobierno se ha concentrado en cagarla continuamente y para ello ha juntado a sus mentes más cochambrosas. Mi ligerísimo, episódico, contacto con alguna semi-alta esfera no hace sino confirmar que al menos este gobierno nada en la más absoluta de las inanidades. Es como un bombero que va apagando fuegos, pero que no sabe dónde va, como una gallina sin cabeza.
Lo peor es que las oposiciones no le van a la zaga, y parece que compiten por cagarla todavía más que el gobierno.
Hace unos días me tocó dar una charla en Barcelona. Sin pretenderlo, era la estrella invitada. Una reunión que, en principio, no era destacada se llenó hasta la bandera y ante otros invitados de relumbrón, resultó que las palabras más esperadas eran las mías. No es la primera vez que me llevan a una reunión como víctima propiciatoria: si sale mal me llevo los tomatazos, si sale bien, las medallas se las llevan otros.
Pude rechazar el encargo, pero pensé que si lo rechazaba porque era difícil, me estaba dejando llevar por el conformismo, por la comodidad. Como dijo en su día ese gran pensador, El Cordobés, "Esta noche te compraré una casa... o llevarás luto por mí": así preparé la reunión, expuse las novedades de la mejor manera posible y no me tiraron tomates. De hecho parece que gustó bastante tanto la exposición como el contenido.
Ahí seguí la frase del hombre de moda (Suárez): "La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti." Esta vez salió bien.
Lo mejor de todo: una noche salí con los amigos de Barcelona y disfrutamos una buena cena y mucha mejor compañía. La noche siguiente tuve cena de compromiso y la verdad es que también disfruté muchísimo: la cena fue en un rastaurante vasco espectacular y no faltó detalle. Me habían hablado muy bien de nuestro anfitrión y la verdad es que no defraudó, tanto en lo culinario como en lo personal.
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Llevé el coche la taller: mil euracos. La verdad es que ha salido malo de coj*nes porque ya a mi padre le tocó hacer alguna reparación costosa. Ahora no estaba para cambios de coche y por eso acepté, pero si vuelve a tener una avería cuantiosa, me lo pensaré muy mucho. Ya tiene 12 años pero solamente 100.000 km. A las dos semanas, otra vez al taller por algo "menor": 60 euros.
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Estamos devorando los capítulos de Breaking Bad y ya estamos en la quinta temporada. Vamos relativamente lentos porque los vemos juntos M. y yo. Estamos enganchadísimos.
También vemos "House of cards", que me parece maravillosa, aunque el hecho de que Kevin Spacey hable a la cámara a veces resulta antinatural.
Además, nos ha servido para descubrir un actor con un atractivo bastante salvaje: Corey Stoll. No es el típico guaperas, pero tiene algo.
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Mi madre va mejorando muyyyyy lentamente. Pero a veces se pone bastante pesada con determinadas cuestiones y con cierta dependencia de mi hermana y de mi, pero yo soy quien vive con ella.
domingo, 30 de marzo de 2014
Juntos
Esta semana hicimos M. y yo unos cuantos años juntos. Me puse a pensar cómo sería una vida sin él, y la conclusión es clara: diferente y muy triste. Era complicado pensar en una vida sin hablar con él, sin verle, sin tocarle. Me siento complementado, mejor dicho, me siento completo. A su lado, el mundo es de otra manera, mucho mejor.
miércoles, 12 de marzo de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
Dolor de cabeza
Llevo desde el domingo por la tarde fatal con la espalda, el cuello y la cabeza. Estoy a base de "drogas" y calor en la espalda. Ayer ya fui al fisio, que me dijo que tenía la espalda muy cogida y me uva una hora y media en sus manos. A ver cómo se desarrolla el día de hoy.
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