Confieso que hay algo que no he mencionado en estos meses: estoy estudiando una segunda oposición. Bueno, lo que se dice estudiar, he estudiado poco. Presenté la solicitud casi por despecho (después de otra negativa de mi jefe hijo de p*** en un traslado), aunque después, cuando me puse a estudiar, es una gozada. Hay temas que son preciosos. Es para un centro donde estuve trabajando cuatro años.
Me agobia mucho pensar que mis amigos de allí (que son también ex-jefes) han puesto muchas esperanzas en que vuelva allí.
Pero además me angustia mucho lo que pueda ocurrir con uno de ellos en especial: Cicio. Es un tío de pm pero lleva unos años muy, pero que muy agobiado porque no tiene novia. Él se había hecho un esquema de vida: estudios, buen trabajo, casa, novia, mujer, hijos. En lo que dependía de él lo consiguió: estudios, buen trabajo y casa. Pero en lo que depende de "terceras" personas no. Y se agobia. Hace tres años confesó a mis amigas que se agobiaba mucho porque estaba seguro de que en España si estás soltero con más de 35 años todo el mundo piensa que eres gay. Eso le pone nerviosísimo y provoca que de cara a la galería sea homófobo, contando siempre unos chistes (malísimos, por cierto) y que no vienen a cuento.
Es más amigo que ex-jefe: empezó siendo amigo y como ex-jefe la relación era más de amigos que curran juntos que de superior a inferior.
Cuando le dije que me interesaba presentarme dio palmas con las orejas, pero después empezaron los agobios, no solo por los estudios, sino porque pensé en el día que se entere de mi mariconismo se va a sentir mal. Por una parte traicionado, y por otra se puede agobiar ante el resto de la gente por lo que puedan pensar de él. Se agobia y nadie dice nada de él, así que cuando se descubra en su ambiente mi mariconismo... le puede dar un infarto. Y lo que me jode es que no es por él, sino por lo que piense él que pensarán los demás de él. (Sí, es retorcido, pero es así).
Así que entre los espectros de mi padre apareciéndose en mis noches de insomnio, la soledad en Las Palmas, el agobio de estudiar, el estrés del trabajo, las putadas del jefe hijo de p***, etc he pasado un veranito fino. Lo mejor ha sido el superviaje con M. a Estambul.
domingo, 9 de septiembre de 2007
sábado, 8 de septiembre de 2007
Viernes de despedidas y sorpresas
Ayer estuve tomando cervezas (yo sin alcohol) con uno de mis compañeros que se va de la oficina: ha conseguido otro destino.
Como se cogió un pedo importante y después en su casa se fumó un par de porros... pues empezó a soltar las verdades por la boca. Estuvimos despellejando a media oficina, bueno, en realidad no despellejábamos a casi nadie porque casi todos son muy majos. Pero me dijo algo que me dejó sorprendido: "Oliva (nombre supuesto de una compañera) se ha enamorado de ti". (Ojos de sorpresa por mi parte). Quizá la palabra "enamorada" era un poco fuerte y exagerada, pero la dijo.
Como se cogió un pedo importante y después en su casa se fumó un par de porros... pues empezó a soltar las verdades por la boca. Estuvimos despellejando a media oficina, bueno, en realidad no despellejábamos a casi nadie porque casi todos son muy majos. Pero me dijo algo que me dejó sorprendido: "Oliva (nombre supuesto de una compañera) se ha enamorado de ti". (Ojos de sorpresa por mi parte). Quizá la palabra "enamorada" era un poco fuerte y exagerada, pero la dijo.

(Oliva y Popeye. Fuente)
Parece ser que ella le confesó a mi compañero que yo le daba mucho morbo. Desde luego yo notaba que había muy buen rollo entre los dos, pero mi intención nunca fue más que la de tener una buena relación con una compañera de trabajo, nada más.
Ella ya me dio alguna pista cuando me dijo que yo tenía cierto morbo. Y el día que marchaba a Madrid para después ir a Turquía me dio dos besos diciéndome "anda, dame dos besos que nunca nos besamos" y me plantó dos besos (en la mejilla,por supuesto). Puffff, no sé si ahora tendré que ponerme un poco borde con ella o tener una relación más fría, porque estas cosas me atacan los nervios.
De viaje (III y IV)
El tercer día fuimos a la Mezquita Azul: indescriptible. Simplemente hay que visitarla y dejarse atrapar por su embrujo.
Después buscamos otra que estaba sobre unos comercios cerca del Bazar de las Especias y nos dejó alucinados: qué decoración, simple y a la vez vistosa, pero también muy relajante. (Creo recordar que es la Mezquita de Rustem Pasa).
A continuación fuimos a la Mezquita de Soleimán el Magnífico que me dejó con la boca abierta (y aun no la he cerrado). Además fue construida en muy poco tiempo. Comimos allí cerca y a M. le apetecía una cerveza, pero por la cercanía de la Mezquita no la tenían. El camarero nos miró con cara de susto y nos dijo señalando la Mezquita: "no, no, ... the Mosque".
En los jardines de la Mezquita de Soleimán estaban filmando una película, serie, o lo que fuera.
Al llegar al hotel nos sorprendió que habían convertido las dos camas individuales pegadas en una sola cama… ¡qué majos los chicos del hotel! No nos hemos hecho cariñitos en público en el hotel ni nada de eso, pero se ve que son muy observadores.
El cuarto día fuimos al palacio de Topkapi. Nos gustó muchísimo, especialmente el harén. Qué manera de decorar, quizá allí sea lo habitual, pero a los que no estamos acostumbrados a eso, nos parece fascinante.
Allí M. se encontró con una ex-alumna ¡qué casualidad!
Por la tarde fuimos al hammam Çemberlitas, que es muy turístico y que estaba con una gran proporción de españoles. Primero estuvimos relajándonos en el hararet (el mármol caliente) y después nos dieron un buen meneo a cada uno. Lo curioso es que a M. le dieron más masaje que a mi. Al leer la guía lo comprendimos: a él le llevaron a lavar el pelo, a mi… no les hacía falta, iba bien rapadito de Madrid. (¡Qué discriminación! Con lo que me gusta que me toquen la cabeza).
Al ir hacia el hotel medio embobados nos paró el camarero de un restaurante frente a Santa Sofía mostrándonos el menú, le dijimos que era muy pronto y que volveríamos luego. Yo sabía que volveríamos porque en el menú había humus, que le encanta a M.
Cuando una hora después volvimos, el camarero flipó en colores. Nos atendieron muy bien, cenamos de maravilla y a la salida nos invitó a sentarnos con él a tomar “otro té”. Un tío encantador con el que hablamos de la vida en general y que nos recomendó otro hammam menos turístico y más barato.
La verdad es que estos tíos tienen una de recursos que impresionan. Son capaces de venderle un frigorífico a un esquimal. Es alucinante verles relacionarse con la gente. Al final terminamos llamándole Alberto, porque no nos quiso decir su nombre.
¡Ah! Hay algo que no falla: el fútbol. Esta gente sigue la liga española con devoción. Se saben las alineaciones del derecho y del revés.
Después buscamos otra que estaba sobre unos comercios cerca del Bazar de las Especias y nos dejó alucinados: qué decoración, simple y a la vez vistosa, pero también muy relajante. (Creo recordar que es la Mezquita de Rustem Pasa).
A continuación fuimos a la Mezquita de Soleimán el Magnífico que me dejó con la boca abierta (y aun no la he cerrado). Además fue construida en muy poco tiempo. Comimos allí cerca y a M. le apetecía una cerveza, pero por la cercanía de la Mezquita no la tenían. El camarero nos miró con cara de susto y nos dijo señalando la Mezquita: "no, no, ... the Mosque".
Al llegar al hotel nos sorprendió que habían convertido las dos camas individuales pegadas en una sola cama… ¡qué majos los chicos del hotel! No nos hemos hecho cariñitos en público en el hotel ni nada de eso, pero se ve que son muy observadores.
El cuarto día fuimos al palacio de Topkapi. Nos gustó muchísimo, especialmente el harén. Qué manera de decorar, quizá allí sea lo habitual, pero a los que no estamos acostumbrados a eso, nos parece fascinante.
Allí M. se encontró con una ex-alumna ¡qué casualidad!
Por la tarde fuimos al hammam Çemberlitas, que es muy turístico y que estaba con una gran proporción de españoles. Primero estuvimos relajándonos en el hararet (el mármol caliente) y después nos dieron un buen meneo a cada uno. Lo curioso es que a M. le dieron más masaje que a mi. Al leer la guía lo comprendimos: a él le llevaron a lavar el pelo, a mi… no les hacía falta, iba bien rapadito de Madrid. (¡Qué discriminación! Con lo que me gusta que me toquen la cabeza).
Al ir hacia el hotel medio embobados nos paró el camarero de un restaurante frente a Santa Sofía mostrándonos el menú, le dijimos que era muy pronto y que volveríamos luego. Yo sabía que volveríamos porque en el menú había humus, que le encanta a M.
Cuando una hora después volvimos, el camarero flipó en colores. Nos atendieron muy bien, cenamos de maravilla y a la salida nos invitó a sentarnos con él a tomar “otro té”. Un tío encantador con el que hablamos de la vida en general y que nos recomendó otro hammam menos turístico y más barato.
La verdad es que estos tíos tienen una de recursos que impresionan. Son capaces de venderle un frigorífico a un esquimal. Es alucinante verles relacionarse con la gente. Al final terminamos llamándole Alberto, porque no nos quiso decir su nombre.
¡Ah! Hay algo que no falla: el fútbol. Esta gente sigue la liga española con devoción. Se saben las alineaciones del derecho y del revés.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Día de vuelta al cole
Hoy fue la "vuelta al cole".
Lo primero que me dicen al entrar por la puerta es que me han echado mucho de menos, claro que no fue por mi cara bonita, sino por el trabajo.
Después hay otro compañero nuevo, ingeniero, como yo. Parece un tío muy majo. Mañana me lo llevo de inspección. Vamos con los de Hacienda y como me pilla al lado de casa me voy a levantar tarde y así no voy a la oficina.
Por lo demás, muchísimo trabajo. Bueno, en realidad me he dado cuenta que soy un gilipollas: hoy un compañero estaba estudiando una oposición (otra) y otro compañero buscando piso en internet.
Una alegría es que hoy hablé con varios amigos con los que hacía tiempo que no hablaba: Nacho y Fran. Nos hemos contado nuestras penas y alegrías y las vacaciones. Nacho ha estado en California ¡qué bonito!
Estoy supercansadísimo: otra noche de mal dormir.
Lo primero que me dicen al entrar por la puerta es que me han echado mucho de menos, claro que no fue por mi cara bonita, sino por el trabajo.
Después hay otro compañero nuevo, ingeniero, como yo. Parece un tío muy majo. Mañana me lo llevo de inspección. Vamos con los de Hacienda y como me pilla al lado de casa me voy a levantar tarde y así no voy a la oficina.
Por lo demás, muchísimo trabajo. Bueno, en realidad me he dado cuenta que soy un gilipollas: hoy un compañero estaba estudiando una oposición (otra) y otro compañero buscando piso en internet.
Una alegría es que hoy hablé con varios amigos con los que hacía tiempo que no hablaba: Nacho y Fran. Nos hemos contado nuestras penas y alegrías y las vacaciones. Nacho ha estado en California ¡qué bonito!
Estoy supercansadísimo: otra noche de mal dormir.
De viaje (II)
El segundo día en Estambul fue el primero en que nos despertamos juntos M. y yo después de muchísimo tiempo (desde la Navidad). Despertarnos juntos es algo mágico, lo mismo que tiene dormir juntos. Estar junto a la persona amada y saber que, al día siguiente, va a seguir estando a tu lado. Como ese día dormí muy bien, no pude hacer algo que me encanta: ver cómo duerme M.
Desayunamos abundantemente: bollería, huevos, salami, jamón (por supuesto no eran de cerdo) y lo mejor eran unos boles de yogur natural o yogur con fresas que yo aderezaba con uvas o albaricoques en almíbar. Hacía el “desayuno del funcionario” que consiste en que dadas las escasas dietas, se busca alojamiento y desayuno, de esa manera el funcionario se pone hasta las trancas en el desayuno y así puede pasar el almuerzo con algo ligero (y barato) y se invierte la dieta en la cena. M. se ríe de mi pero él tenía hambre y yo no.
Ese día fue lluvioso y en primer lugar visitamos Santa Sofía. Primera sorpresa: ¡no quitaban los mosaicos cuando convertían las iglesias en mezquitas! Así que se podía seguir respirando el ambiente de la época bizantina. Las vistas de la nave desde las galerías superiores son asombrosas porque son las que hacen darte cuenta de la grandiosidad del edificio. Impresiona pasar por las puertas que antiguamente solamente podían utilizar los emperadores de Bizancio.
Cuando nos dirigíamos a la Mezquita Azul, justo enfrente, comenzó la oración, así que alteramos los planes y nos fuimos a la Cisterna. Una cisterna subterránea de la época romana que esta tenuemente iluminada, ambientada con música suave y con pececitos nadando en el agua.
Son asombrosas las bases de dos de las columnas: una cabeza de medusa que está invertida la una y de lado la otra.
Después fuimos al Gran Bazar y al Bazar de las Especias, estaba lloviendo y al fin y al cabo son espacios cubiertos. Comenzamos la búsqueda de los encargos que nos había hecho Drichal… el cinturón fue imposible de encontrar, y allí tenían de todas las clases, formas y colores; unas zapatillas de imitación que no nos ofrecían ninguna confianza, la verdad. Bueno, no convenía saturarse en el Gran Bazar el primer día.
Terminamos bastante cansados y marchamos al hotel a descansar. Antes de eso, subimos a la azotea a contemplar las vistas desde la piscina: el Cuerno de Oro, los jardines de Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul.
Un rato después salimos a cenar y volvimos pronto, porque estábamos MUY cansados.
Desayunamos abundantemente: bollería, huevos, salami, jamón (por supuesto no eran de cerdo) y lo mejor eran unos boles de yogur natural o yogur con fresas que yo aderezaba con uvas o albaricoques en almíbar. Hacía el “desayuno del funcionario” que consiste en que dadas las escasas dietas, se busca alojamiento y desayuno, de esa manera el funcionario se pone hasta las trancas en el desayuno y así puede pasar el almuerzo con algo ligero (y barato) y se invierte la dieta en la cena. M. se ríe de mi pero él tenía hambre y yo no.
Ese día fue lluvioso y en primer lugar visitamos Santa Sofía. Primera sorpresa: ¡no quitaban los mosaicos cuando convertían las iglesias en mezquitas! Así que se podía seguir respirando el ambiente de la época bizantina. Las vistas de la nave desde las galerías superiores son asombrosas porque son las que hacen darte cuenta de la grandiosidad del edificio. Impresiona pasar por las puertas que antiguamente solamente podían utilizar los emperadores de Bizancio.
Cuando nos dirigíamos a la Mezquita Azul, justo enfrente, comenzó la oración, así que alteramos los planes y nos fuimos a la Cisterna. Una cisterna subterránea de la época romana que esta tenuemente iluminada, ambientada con música suave y con pececitos nadando en el agua.
Después fuimos al Gran Bazar y al Bazar de las Especias, estaba lloviendo y al fin y al cabo son espacios cubiertos. Comenzamos la búsqueda de los encargos que nos había hecho Drichal… el cinturón fue imposible de encontrar, y allí tenían de todas las clases, formas y colores; unas zapatillas de imitación que no nos ofrecían ninguna confianza, la verdad. Bueno, no convenía saturarse en el Gran Bazar el primer día.
Terminamos bastante cansados y marchamos al hotel a descansar. Antes de eso, subimos a la azotea a contemplar las vistas desde la piscina: el Cuerno de Oro, los jardines de Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul.
Un rato después salimos a cenar y volvimos pronto, porque estábamos MUY cansados.
De vuelta en Las Palmas
Hoy la despedida de mi madre ha sido dura. Estos días se nota que necesita compañía, se siente sola, necesita hablar y no sirve que le llamemos por teléfono cada dos por tres. Encima hemos hecho el trámite del notario, y se quiera o no se quiera, estas cosas son muy desagradables.
Ya conté que me dejaba a punto de soltar una lágrima cada vez que veía el nombre de mi padre en los documentos. Sí, soy un llorón.
Se ha pasado la tarde diciéndome lo bien que se sentía cuando me tenía en casa, etc. Creo que es mejor que no se dé cuenta de que a mi me es muy duro también, aunque algo se sospecha, porque sabe de mis insomnios.
Ya conté que me dejaba a punto de soltar una lágrima cada vez que veía el nombre de mi padre en los documentos. Sí, soy un llorón.
Se ha pasado la tarde diciéndome lo bien que se sentía cuando me tenía en casa, etc. Creo que es mejor que no se dé cuenta de que a mi me es muy duro también, aunque algo se sospecha, porque sabe de mis insomnios.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
No quiero irme
Esta noche vuelvo a Las Palmas.
No me apetece nada irme y mañana ponerme a trabajar. Hombre, habría que mirar lo positivo y es que sería peor no tener trabajo... pero no me consuela mucho y echo de menos mucho a M.
Encima ayer llamó una de mis tías por teléfono y cuando se enteró que estaba aquí le preguntó a mi madre cuándo me marchaba, al responder "mañana" se le saltaron las lágrimas.
¡Qué pereza hacer la maleta! Ir al aeropuerto, esperar, volar y mañana lo de siempre...
No me apetece nada irme y mañana ponerme a trabajar. Hombre, habría que mirar lo positivo y es que sería peor no tener trabajo... pero no me consuela mucho y echo de menos mucho a M.
Encima ayer llamó una de mis tías por teléfono y cuando se enteró que estaba aquí le preguntó a mi madre cuándo me marchaba, al responder "mañana" se le saltaron las lágrimas.
¡Qué pereza hacer la maleta! Ir al aeropuerto, esperar, volar y mañana lo de siempre...
Notaría
Hoy me toca ir a la notaría a arreglar papeles del testamento de mi padre. ¡Uf! ¡Qué pereza! Además es de esas cosas que hay que hacer, pero que no gusta nada. Me vuelve a la mente los recuerdos de cuando estaba vivo...
Hoy de nuevo desvelado.
Al final mi madre pudo sacar el certificado de mi cuenta del banco, así que un trámite menos.
-----------------------------------------------------------------------------
Ya he ido a la notaría. La verdad es que el trámite era una verdadera chorrada, porque se trataba de comprobar que un documento estaba bien y firmarlo, pero teníamos que estar juntos mi madre, mi hermana y yo.
Cada vez que leía el nombre de mi padre... bueno, se me hacía terrible.
Hoy de nuevo desvelado.
Al final mi madre pudo sacar el certificado de mi cuenta del banco, así que un trámite menos.
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Ya he ido a la notaría. La verdad es que el trámite era una verdadera chorrada, porque se trataba de comprobar que un documento estaba bien y firmarlo, pero teníamos que estar juntos mi madre, mi hermana y yo.
Cada vez que leía el nombre de mi padre... bueno, se me hacía terrible.
martes, 4 de septiembre de 2007
De viaje (I)
El primer día de viaje fue un poco estresante. Decidimos ir en metro al aeropuerto: mi hermana se ofreció a llevarme, pero me pareció una putad* hacerle madrugar cuando aun le quedaban unos días de vacaciones, y había que estar a las 8:50 en la T4 de Barajas.
Cuando llegué a Nuevos Ministerios para coger el metro, llamé a M. a ver por dónde iba y estaba casi sin aliento, cogiendo un taxi en Conde de Casal porque se había estropeado la línea 6 de metro... el pobre llegó todo sudado.
Una vez en el aeropuerto, facturamos en Iberia y fuimos a tomarnos un café. Entre la compra de liras turcas, la toma del café y la compra de última hora en la farmacia se pasó mucho tiempo y teníamos que embarcar.
El avión salió con puntualidad y llegó con ¡30 minutos de adelanto! Sobrevolamos Grecia y se distinguían numerosos focos de los incendios, era impresionante. Una vez en Estambul trámites aduaneros, recogida de equipajes y la agencia nos llevó al hotel. El hotel estaba MUY BIEN. Cerca de Topkapi y de la estación de tren de Sirkeci (donde llegaba el Orient Express). Un hotel nuevo con un personal muy agradable.
Fuimos a dar una vuelta y quedé sobrecogido por la grandeza de Santa Sofia y de la Mezquita Azul, una frente a la otra. Dimos una vuelta por el Hipódromo con sus obeliscos, y la fuente del Kaiser.
Como estábamos cansados fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendó un amigo de M. dos días antes de ir. Como él nos dijo, pedimos ir a la terraza y... la vista era espectacular: se ve Santa Sofía, un trozo del mar de Mármara, la Mezquita Azul y ese día la luna llena. Desde luego, a quien vaya allí le recomendaré que cene en la "Omar Teras" (creo que se escribe así).
Cuando llegué a Nuevos Ministerios para coger el metro, llamé a M. a ver por dónde iba y estaba casi sin aliento, cogiendo un taxi en Conde de Casal porque se había estropeado la línea 6 de metro... el pobre llegó todo sudado.
Una vez en el aeropuerto, facturamos en Iberia y fuimos a tomarnos un café. Entre la compra de liras turcas, la toma del café y la compra de última hora en la farmacia se pasó mucho tiempo y teníamos que embarcar.
El avión salió con puntualidad y llegó con ¡30 minutos de adelanto! Sobrevolamos Grecia y se distinguían numerosos focos de los incendios, era impresionante. Una vez en Estambul trámites aduaneros, recogida de equipajes y la agencia nos llevó al hotel. El hotel estaba MUY BIEN. Cerca de Topkapi y de la estación de tren de Sirkeci (donde llegaba el Orient Express). Un hotel nuevo con un personal muy agradable.
Como estábamos cansados fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendó un amigo de M. dos días antes de ir. Como él nos dijo, pedimos ir a la terraza y... la vista era espectacular: se ve Santa Sofía, un trozo del mar de Mármara, la Mezquita Azul y ese día la luna llena. Desde luego, a quien vaya allí le recomendaré que cene en la "Omar Teras" (creo que se escribe así).
(La Mezquita Azul desde el Restaurante Omar)
La comida es buenísima y la vista es indescriptible. No conseguimos mesa junto a la ventana, pero fue suficiente: velas, buena comida, servicio amable, buen precio y la mejor compañía del mundo.
Después nos fuimos al hotel a descansar para empezar nuestra primera mañana en Estambul.
De vuelta.
Ya hemos vuelto del viaje a Estambul.
No puedo expresar con palabras cómo lo hemos pasado. Un viaje inolvidable, tanto por la ciudad como por la compañía. Despertar cada mañana con M. durante siete noches seguidas después de tanto tiempo ha sido revitalizante.
No puedo expresar con palabras cómo lo hemos pasado. Un viaje inolvidable, tanto por la ciudad como por la compañía. Despertar cada mañana con M. durante siete noches seguidas después de tanto tiempo ha sido revitalizante.
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